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La Guerra de Ifni-Sáhara 1957/58: El testimonio de un defensor de Tabelcut Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Antonio Herrero Andreu   
domingo, 23 de diciembre de 2018

Fuente: El Faro de Ceuta

Para quien no conozca el nombre de Tabelcut, se trata de un puesto que guarnecía la frontera de Ifni con Marruecos, defendido por una reducida guarnición de un teniente de la Policía de Ifni, un cabo 1º del mismo cuerpo y unos pocos soldados de policía europeos, así como unos pocos musulmanes y un cabo 1º de la Guardia Civil, Juan Rubio Martos, y su esposa María Luisa Díaz Alcoba y sus dos hijos menores. Contaban con armamento anticuado y unas pocas granadas de mano, por lo que los medios de defensa eran anticuados y nada prácticos para un caso de defensa.

 Un círculo señala a Alfonso Alsua el día de la liberación en el Palacio de Rabat. En primer plano el rey Mohamed V.
Un círculo señala a Alfonso Alsua el día de la liberación en el Palacio de Rabat. En primer plano el rey Mohamed V.

Alfonso Carlos Alsua Iruruzun lo que menos pensaba era que una vez alistado en la Caja de Reclutas su destino iba a ser a más de 2.000 km de su Navarra querida. Y así sucedió tras el sorteo y posterior destino a Ifni, de los vagones de ferrocarril a Cádiz y del puerto gaditano a Sidi Ifni. Una vez en Ifni ya les comunicaron que el destino iba a ser el Grupo de Policía de Ifni nº 1.

El alojamiento fue desconcertante, en tiendas de campaña y con una preparación muy dura por parte de un cabo paracaidista, Manuel Tuero Madiedo. En algún momento estos policías llegaron a odiar a este cabo instructor, pero pasado el tiempo se lo llegaron a agradecer porque los había preparado para lo que iban a enfrentarse, “una guerra”.

Alfonso, una vez juró bandera fue destinado al puesto de Tag Agra, donde iba a conocer lo que serian los ataques y no con piedras, por el contrario con disparos de fusilería y ametralladora, como así sucedió cuando el enemigo cortó el tendido telefónico, para lo cual salieron dos soldados de transmisiones y 21 soldados, de ellos ocho policías europeos y dos soldados musulmanes. Una vez reparada la línea telefónica, al regreso al cuartel de Tag Agra fueron tiroteados por el enemigo y durante dos horas de combate pudieron regresar con un herido.

Sin embargo, lo más chocante es que vieron a una camioneta con varios soldados de policía y un oficial. Al verlos, Alfonso y sus compañeros lanzaron varias ráfagas de fusilería para que vieran donde se encontraban. El oficial y los soldados, creyendo que eran enemigos, se dieron la vuelta y los dejaron abandonados. Más tarde, la misma camioneta con un teniente y varios soldados se aproximaron a ellos, pero creyendo que eran rebeldes al oír los disparos de advertencia, dieron la vuelta y los dejaron abandonados.

Finalmente, tras dos horas de un largo camino pudieron llegar hasta Tag Agra, pero eso sí, advertidos por dicho oficial de no contar lo antes sucedido salvo si querían sufrir un arresto.

Año y medio prisioneros de Marruecos

El 23 de noviembre de 1957, de improviso, el puesto de Tabelcut era atacado por varios grupos del Ejército de Liberación Marroquí, donde la exigua fuerza española, al mando del teniente Felipe Sotos Fernández, se organizó la defensa con la precariedad del armamento como fusiles, alguna ametralladora y granadas de mano. A pesar de los ataques, la guarnición de Tabelcut mantuvo a raya al enemigo sin llegar a alcanzar a tomar el puesto, pero la situación se volvió dramática en una habitación con la esposa y los dos hijos del cabo 1º de la Guardia Civil, que llorando lo que hacían era más dramática la situación.

Pasados dos días del ataque apareció un vehículo procedente Mirleff con una bandera blanca, en el cual iba el caíd de Mirleff, expresando que quería dialogar con el teniente-jefe del puesto, el cual le dijo al teniente que para evitar sufrimiento a la guarnición, y en especial a la mujer y los dos hijos, se comprometía a llevarles hasta Mirleff y una vez allí, donde con su armamento, se les devolvería así con la bandera de España para entregarles a las autoridades españolas del Consulado de Agadir y ser devueltos a España.

La estancia en uno de los lugares del cautiverio fue algo horrible, dormían en un zulo sin ver la luz solar y con una comida que era pura bazofia y el trato era inhumano, torturas, amenazados con un fusil apuntando a la cabeza simulando un fusilamiento, y en más de una ocasión les pedían que los matasen.

Cierto día, Alfonso oyó unos ruidos de una habitación, como queriendo llamar la atención. Ante ello, Alfonso hizo por verse con el autor de dichos ruidos, que resultó ser un brigada del ejército francés, tambien prisionero. Tras ese encuentro entabló amistad y hablaron varias veces afirmando este brigada a Alfonso que si algún día lo liberaban, lo primero que haría al llegar a Francia era comunicarlo a las autoridades francesas para hacerlo llegar a las autoridades españolas.

Y así fue como España se enteró que en Marruecos había 40 prisioneros españoles. Este cautiverio lo compartieron tambien con otra mujer, esposa de uno de los fareros de Cabo Bojador.

El resto de los 40 prisioneros eran todos militares de tiradores y del Grupo de Policía de Ifni. La entrega de estos españoles fue en el Palacio Real de Rabat ante el rey Mohamed V, su hijo, el entonces príncipe Hassan, y el embajador de España en Marruecos, en un acto deplorable tras haber permitido que estos españoles estuviesen prisioneros y con un trato humillante sin tener en cuenta que allí había mujeres y niños que no eran para nada combatientes.

Años después, al menos el gobierno español reconocía este cautiverio a María Luisa Díaz Alcoba y sus dos hijos, y el Ministerio del Ejército les concedía a ambos la “Medalla de Sufrimientos por la Patria”, en el destino que su esposo, el cabo 1º Juan Rubio Martos tenía en Las Palmas de Gran Canaria. El olvido a estos excombatientes de la Campaña de Ifni por parte de los políticos les viene bien esta cita: “el más elevado tipo de hombre es el que obra antes de hablar y profesa lo que practica” (Confucio).

Alfonso Carlos Alsua Iruruzun.
Alfonso Carlos Alsua Iruruzun.

En un acto de cobardía y traición, por el contrario, fueron entregados a las bandas del Ejército de Liberación Marroquí, donde hasta su liberación sufrirían un cautiverio de año y medio en varias localidades de Marruecos.

La estancia en uno de los lugares del cautiverio fue algo horrible, dormían en un zulo sin ver la luz solar y con una comida que era pura bazofia y el trato era inhumano, torturas, amenazados con un fusil apuntando a la cabeza simulando un fusilamiento, y en más de una ocasión les pedían que los matasen.

Cierto día, Alfonso oyó unos ruidos de una habitación, como queriendo llamar la atención. Ante ello, Alfonso hizo por verse con el autor de dichos ruidos, que resultó ser un brigada del ejército francés, tambien prisionero. Tras ese encuentro entabló amistad y hablaron varias veces afirmando este brigada a Alfonso que si algún día lo liberaban, lo primero que haría al llegar a Francia era comunicarlo a las autoridades francesas para hacerlo llegar a las autoridades españolas.

Y así fue como España se enteró que en Marruecos había 40 prisioneros españoles. Este cautiverio lo compartieron tambien con otra mujer, esposa de uno de los fareros de Cabo Bojador.

El resto de los 40 prisioneros eran todos militares de tiradores y del Grupo de Policía de Ifni. La entrega de estos españoles fue en el Palacio Real de Rabat ante el rey Mohamed V, su hijo, el entonces príncipe Hassan, y el embajador de España en Marruecos, en un acto deplorable tras haber permitido que estos españoles estuviesen prisioneros y con un trato humillante sin tener en cuenta que allí había mujeres y niños que no eran para nada combatientes.

Años después, al menos el gobierno español reconocía este cautiverio a María Luisa Díaz Alcoba y sus dos hijos, y el Ministerio del Ejército les concedía a ambos la “Medalla de Sufrimientos por la Patria”, en el destino que su esposo, el cabo 1º Juan Rubio Martos tenía en Las Palmas de Gran Canaria. El olvido a estos excombatientes de la Campaña de Ifni por parte de los políticos les viene bien esta cita: “el más elevado tipo de hombre es el que obra antes de hablar y profesa lo que practica” (Confucio).

Alfonso Alsua en la moto conducida por el cabo 1º Serapio en un puesto de Ifni.
Alfonso Alsua en la moto conducida por el cabo 1º Serapio en un puesto de Ifni.

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