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Paracaidistas, Legionarios y Tiradores de Ifni. El inicio del conflicto Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Vicente Bataller Alventosa   
sábado, 12 de enero de 2019

Fuente: Revista Ejército nº 922 (Enero/2018)
Fuente: AVILE

Si lanzarse al vacío por la puerta de un avión une a mandos y tropa (pues el riesgo del salto no distingue divisas), el hacerlo con un enemigo esperándoles en tierra y con posibilidad de ser un blanco fácil de sus disparos incrementa aún más la confianza y unión entre los distintos empleos. El bautismo de fuego y los saltos de guerra en Ifni marcaron un estilo y espíritu de los paracaidistas del Ejército de Tierra que aún perdura, 60 años después.

Por orden reservada de octubre de 1953 se creó la I Bandera Paracaidista y se designó como comandante jefe a Tomás Pallás Sierra, en ese momento al mando de la V Bandera de la Legión. Sus primeros cuadros de mando y tropa realizaron su primer salto como alumnos del primer curso paracaidista el 23 de febrero de 1954, fecha en la que los paracaidistas celebran su aniversario. La I Bandera recibió la denominación de «Roger de Flor» y sus componentes la de «Caballeros Legionarios Paracaidistas » (CLP). Un año más tarde, en mayo de 1956, la bandera se trasladó a Fuerteventura y desde allí la 1.ª compañía se desplazó al Sáhara, primero a Villacisneros, luego a Tan Tan y finalmente a Villa Bens. En julio, la Roger de Flor se desplegó urgentemente en Sidi Ifni y se alojó en un viejo cuartel a los pies del monte Bu Laalam, junto al aeródromo.

Llegada de los paracaidistas. Su actuación, junto con legionarios, tiradores de Ifni, soldados de reemplazo y algunos policías indígenas leales fue determinante los primeros días del conflicto.
Llegada de los paracaidistas. Su actuación, junto con legionarios, tiradores de Ifni, soldados de reemplazo y algunos policías indígenas leales fue determinante los primeros días del conflicto.

El motivo de enviar a Ifni la I Bandera Paracaidista se debía a un progresivo empeoramiento de la situación en este territorio, ya que tres meses antes, el 7 de abril de 1956, España concedió la independencia a Marruecos y se iniciaron una serie de incidentes y sabotajes en los territorios del África Occidental Española (AOE) bajo los auspicios del partido Istiqlal y su brazo armado, el Yeicht Taharir, o Ejército de Liberación (EL). Este, una vez finalizada su lucha contra los franceses en su protectorado marroquí, incitaba ahora a la deserción de los soldados y policías indígenas que servían en las unidades españolas y a la rebelión general en los territorios que aún administraba España: Ifni, Tarfaya y Sáhara español, todos ellos bajo el mando del general Ramón Pardo de Santayana, gobernador del AOE. Para reforzar la escasísima guarnición militar de estos dos últimos, la recién creada XIII Bandera de la Legión se incorporó al Sáhara en julio de 1956, al mismo tiempo que la I de Paracaidistas lo hacía en Ifni. 

Primeras bajas de la Brigada Paracaidista.
Primeras bajas de la Brigada Paracaidista.

Seis meses después, a finales de enero de 1957, la Roger de Flor fue relevada por la II Bandera Roger de Lauria (menos la 8.ª compañía, que se quedó en Alcalá por adaptación orgánica). Cabe señalar que cuando el teniente coronel Pallás Sierra desembarcó en Sidi Ifni al mando de la II Bandera no era la primera vez que pisaba el AOE, pues de teniente y capitán había estado destinado en el III tabor (Bón) de Tiradores de Ifni. No se imaginaba que, pocos meses después, sus paracaidistas iban a luchar, codo con codo, con los legionarios del 2.º tercio y, más aún, que los principales combates iban a desarrollarse para liberar a las tres compañías de fusiles de su III tabor de Tiradores de Ifni, entre ellas la 11.ª, que había mandado de capitán, tras ser cercadas por los rebeldes.

Desde que se incorporó la II Bandera a Ifni los incidentes armados y sabotajes de las bandas rebeldes fueron en aumento. Mientras, los paracaidistas incrementaban su grado de adiestramiento, el conocimiento del terreno y la adaptación a saltos paracaidistas con equipo completo de combate. Fue precisamente en uno de ellos, el 8 de mayo de 1957, cuando un avión Junquer JU-52, que acababa de despegar del aeródromo de Sidi Ifni para  efectuar un lanzamiento, se desplomó sobre tierra cuando apenas había comenzado a remontar el vuelo y acto seguido se incendió. Murieron los  cuatro miembros de la tripulación del Junker, el comandante Escuín, de tiradores, siete paracaidistas de la 9.ª compañía y el jefe de la misma, el  teniente José Cañadas. Uno de los miembros de la patrulla, el cabo primero Ángel Canales, herido en el accidente, a pesar de que se estaban  produciendo explosiones en el avión, entró varias veces en el aparato incendiado, con alto riesgo de su vida, para rescatar a sus compañeros, y sufrió graves quemaduras. Por esta acción fue condecorado con la Medalla Militar Individual, la primera que recibía un miembro de las fuerzas paracaidistas españolas desde su creación.

A finales del mes siguiente, el 21 de junio, y ante la petición de refuerzos del gobernador Pardo de Santayana, la 3.ª  compañía de la IV Bandera de la Legión, recién incorporada al desierto, se desplazó desde el Sáhara a Ifni. De esa forma se suplía la falta de la 8.ª  compañía paracaidista. El 30 de julio los incidentes que estaban ocurriendo en el Sáhara obligaron a que la 3.ª compañía de la Legión fuera sustituida  por la 13.ª mia (compañía) del III tabor de Tiradores de Ifni, precisamente procedente del desierto. En agosto lo harían también la 11.ª y 12.ª mias del tabor de Tiradores de Ifni que, tras 17 años de guarnición en Tarfaya y en otros destacamentos en el Sáhara, regresaban a Ifni.

El Grupo de  Tiradores de Ifni n.º 1 (de entidad regimiento), mandado por el coronel Guillermo Rodríguez, contaba con cuatro tabores, si bien a raíz del inicio de  incidentes, sabotajes y deserciones se licenció a la mayoría de los soldados indígenas, que fueron sustituidos por soldados españoles de reemplazo, y  se concentró a los nativos, desarmados, en el I tabor, que pasó a denominarse «Tabor Musulmán» y efectuaba misiones de apoyo. Por otro lado, el  III tabor sahariano estuvo destacado en el desierto hasta el verano de 1957, por lo que hasta esa fecha, a efectos operativos, solo se podía contar,  junto a los paracaidistas, con el II y el IV tabor de Tiradores.

Precisamente el 16 de agosto de 1957, a su regreso de Id Aisa, el Subgrupo Táctico B  de paracaidistas sufrió un fuerte tiroteo a la altura de Tiguisit Igurramen. La reacción de las secciones de los tenientes García Andrés y Ortiz de Zárate,  con el apoyo de la de ametralladoras del teniente López Duplá, propició una acción envolvente, realizada por la sección del teniente Soto del  Río, que causó al enemigo cuatro muertos y un herido. En esta misión, que se puede considerar como el bautismo de fuego de los paracaidistas, la  unidad sufrió su primer herido en combate, Vicente Vila Pla. A su vez, el Subgrupo Táctico A, mandado por el capitán Polavieja, actuó ese mismo mes  y el siguiente en la zona sur, por Tiliuín y Asaka, sin sufrir ninguna baja.

No fue hasta el amanecer del 23 de noviembre cuando las acciones bélicas se fueron extendiendo. En el Yeicht Taharir se pasó de sabotajes, asesinatos y pequeñas acciones aisladas a un ataque general, coordinado y simultáneo tanto a la capital, Sidi Ifni, donde fracasó gracias a una alerta de un miembro de la inteligencia militar, como a todos los destacamentos y  cuarteles del interior defendidos por las 11.ª, 12.ª y 13.ª compañías del III tabor de Tiradores de Ifni y por las 2.ª y 3.ª compañías del Grupo de  Policía Indígena I, bajo el mando del comandante Francisco Mena. En la operación quedaron cercadas nueve posiciones: Tiliuín, Tiugsa (Tagragra),  Tenín de Amel-lu, Telata, El Arbaa de el Mesti, Tabelcut, Hameiduch, Bifurna y Tamucha, y en manos de las bandas rebeldes cayeron por rendición o  deserción los tres pequeños puestos de la Policía Indígena en Sidi Uarsik, Sidi Borya y Uggug.

Esa misma noche del día 22 de noviembre, la 7.ª  compañía de paracaidistas fue designada para reforzar los puestos de la Policía Indígena en Ifni, mientras que el resto de la II Bandera quedaba de  reserva en su acuartelamiento. Aprovechando la oscuridad, un grupo de rebeldes armados intentó penetrar en la ciudad utilizando el cauce seco del  uad (río) Sidi, en la zona denominada «Las Palmeras», donde los paracaidistas tenían un puesto de guardia con fusil ametrallador. Al ser descubiertos  se inició una serie de disparos en la que fue herido leve un cabo paracaidista. Acudió el teniente Calvo Goñi con un grupo de paracaidistas y policías indígenas y se estableció un pequeño combate en el que el paracaidista José Torres Martínez resultó muerto (fue el primer caído en combate de la unidad) y otro paracaidista fue herido de gravedad. Los rebeldes fueron rechazados y también otros grupos rebeldes que atacaron los accesos al aeródromo.

El 22 de noviembre de 1957 la guerra de Ifni había empezado. La radio de Allal el Fassi, líder del Istiqlal, llamaba insistentemente a los  habitantes de la zona a combatir, incitando a una sublevación general. Desde Madrid no se quería una liberación de los puestos sitiados en el interior a  costa de desguarnecer la capital, Sidi Ifni, pues aún permanecía en la memoria lo ocurrido en Melilla durante el Desastre de Annual, en 1921. Por  tanto, a falta de fuerzas suficientes, había que esperar la incorporación de refuerzos procedentes de la Península y Canarias. Mientras tanto, desde el  interior del territorio llegaban las noticias de la caída de cuatro puestos menores con poca guarnición o situados en lugares poco defendibles, como los de Tabelcut, Hameiduch, Bifurna y Tamucha, donde se supo que algunos de sus defensores habían caído prisioneros y quedaban solo cinco puestos  ocupados.

Ante el ataque generalizado del 23 de noviembre se ordenó a la I Bandera Paracaidista que regresara de nuevo a Ifni y con ella se incorporó la 8.ª compañía de la II Bandera, que había llegado, así como el teniente coronel Crespo, jefe de la agrupación, con su plana mayor. Por su  parte, a la VI Bandera de la Legión, recién incorporada a El Aaiún, se le ordenó su traslado inmediato a Sidi Ifni por vía aérea y se alojó en el cuartel de  tiradores. El resto de fuerzas expedicionarias de refuerzo (una compañía de infantería de marina, cuatro batallones de los regimientos de infantería Fuerteventura, Soria 9, Pavía 19 y Cádiz 41, dos compañías de ingenieros, otras dos de infantería de los regimientos Uad-Ras y Belchite, entre otras  fuerzas) empezaron a ser trasladadas con urgencia a Ifni mediante un puente aéreo continuo. El 30 de noviembre, en apenas siete días, ya habían  sido aerotransportados a Ifni un total de 1.667 hombres con equipo, armamento y 86.160 kilogramos de víveres, municiones y material de  transmisiones.

La primera unidad en enfrentarse a una emboscada y quedar cercada fue la 3.ª sección de la 7.ª compañía de paracaidistas, mandada  por el teniente Ortiz de Zárate; luego quedó cercada la 6.ª compañía en Alat Ida Usugún y, por último, la 8.ª compañía tuvo que empeñarse a fondo ante una emboscada mientras protegía la retaguardia de la columna que evacuaba Tenín. La presión de los rebeldes era continua y en todo el territorio de Ifni.

El general Mariano Gómez de Zamalloa, nuevo gobernador del África Occidental española en sustitución de Pardo de Santayana,  realizó dos excepciones a la orden recibida desde Madrid el 30 noviembre de esperar la llegada de los refuerzos para actuar en el interior: la primera fue enviar por tierra el mismo día 23 una sección reforzada en socorro a la posición de Telata y la segunda lanzar desde un avión el día 29 una compañía de paracaidistas para reforzar la posición de Tiliuín, ambas de gran importancia.

El teniente Ortiz de Zárate, muerto heroicamente cuando acudía en socorro del puesto de Telata.
El teniente Ortiz de Zárate, muerto heroicamente cuando acudía en socorro del puesto de Telata.

El mismo día 23, del ataque general de los rebeldes, se cursó orden a la II Bandera de Paracaidistas de «liberar el puesto de Telata y proporcionarle el apoyo sanitario que precisa. La misión la efectuará una sección reforzada». Se designó a la 7.ª compañía que, a su vez, encomendó la misión a la 3.ª sección, compuesta por 37 caballeros legionarios paracaidistas y mandada por el teniente Ortiz de Zárate, que contó con una escuadra de morteros de 50 mm, otra de ametralladoras de la 10.ª  compañía y enlace radio con dos operadores de la 9.ª compañía. Del Grupo de Tiradores se les agregó un equipo médico con el capitán médico Freixas, el brigada practicante Manrique y una ambulancia con conductor. En total 56 hombres. Antes de partir, el teniente Ortiz de Zárate le dijo a su  capitán, Sánchez Duque, con un gesto tranquilo y sereno: «Llegaremos mi capitán, entraré en Telata o en el cielo».

Tras avanzar el día 23 unos  25 kilómetros, la unidad se detuvo para pernoctar. Al amanecer del día 24 se reanudó la marcha. En un alto en el movimiento se les acercó un policía indígena que les transmitió un mensaje de parte del teniente Cuevas, jefe de la Policía Indígena de Telata. El mensaje indicaba que uno de sus confidentes le había informado sobre el lugar exacto de una emboscada que los rebeldes tenían preparada contra los paracaidistas en un collado  próximo al yebel Agri. Ortiz de Zárate, sospechando que aquella información podía tratarse de una trampa, decidió continuar la marcha como lo tenía  previsto pues, ante todo, tenía una misión que cumplir lo antes posible.

A las 10:45 horas, al llegar a la altura del vértice Timgrat del yebel Agri, tal y  como le habían advertido, la sección fue atacada con fuego de armas automáticas y fusiles desde tres puntos distintos: las cotas 628 y 624 y un  aduar próximo. El teniente ordenó ocupar a la Fuerza la loma más inmediata, la 624, y desde allí repeler la agresión. En el ataque a la 624 murió el  cabo primero José Civera junto con dos paracaidistas. Otros tres sufrieron heridas. El mortero de 50 mm entró en acción, pero tras disparar ocho  granadas se le rompió el mecanismo de disparo y la sección quedó sin apoyo de fuego.

Cuando la situación empezaba a ser crítica aparecieron tres  aviones Heinkel-111 que, en vuelo rasante, ametrallaron las zonas desde donde hacían fuego los rebeldes, que se alejaron, lo que se aprovechó para formar dos perímetros defensivos, uno para las horas diurnas y otro, más cercano, para la noche. Desde allí se divisaba a lo lejos el destacamento cercado de los tiradores de Telata y, a menos de 1.000 metros del anterior, se encontraba el cuartel de la Policía Indígena, también sitiado. A pesar  de varios intentos no se pudo enlazar por radio ni con Sidi Ifni ni con Telata. Los paracaidistas estaban solos, sin enlace y totalmente rodeados por los  rebeldes, que les disparaban desde orígenes difíciles de identificar y, por tanto, de repeler. La situación era desesperante y el teniente se movía por  los puestos de tirador, de día y de noche, con alto riesgo de su vida para dar ánimo a sus hombres. En la madrugada del 26 la posición sufrió un  fuerte asalto que, aunque fue rechazado con dificultades, causó la muerte del teniente Ortiz de Zárate y la de Vicente Vila, que había sido el primer herido en el bautismo de fuego de los paracaidistas. El único sargento de la sección, Moncada Pujol, tomó el mando, y contó con tres cabos primeros  supervivientes, Jiménez Calderón, González García y Oliva Hernández, cuya actuación entre los soldados fue decisiva para mantener su moral.

A medida  que transcurrían los días el sufrimiento se agravaba aún más al no disponer de agua y debido a la escasez de comida que no cubrían los  intentos del difícil abastecimiento aéreo. Las hojas de las chumberas se convirtieron en el único recurso para aliviar un poco la sed. Los tiroteos y  asaltos no cesaban y los heridos iban aumentando día a día. Algunos, ante la desesperación por la falta de agua, empezaron a beber sus propios  orines. Pero aún peor que la sed era ver sufrir a los heridos, oír sus gemidos de angustia y no poder ayudarles. Ellos veían la muerte cerca y la pedían  o deseaban como una liberación. Así fueron transcurriendo los días hasta la madrugada del 2 de diciembre, en la que fue rechazado un nuevo asalto  masivo. Ese mismo día, hacia las 14:00 horas, los sitiados oyeron hablar en lengua nativa. En silencio, los paracaidistas calaron bayonetas decididos a  enfrentarse cuerpo a cuerpo al asalto definitivo. Cuál sería la sorpresa cuando, poco más tarde, aparecieron los hombres del IV tabor del Grupo de  Tiradores de Ifni que venían a rescatarlos.

La 8ª compañía paracaidista, al mando del capitán Páez, acude en socorro de T´Zenin.
La 8ª compañía paracaidista, al mando del capitán Páez, acude en socorro de T´Zenin.

Recién iniciado el conflicto se realizó el primer salto de guerra en Tiliuín y, posteriormente, en la operación  Pegaso, en Erkunt, se realizó el segundo lanzamiento de guerra y último hasta ahora.

Dada la proximidad del cuartel de la policía de Tiliuín a la frontera  con Marruecos y a Goulimin, sede del cuartel general del Ejército de Liberación, los rebeldes que atacaban eran numerosos y se relevaban  continuamente. A pesar del extenso perímetro de este cuartel, su guarnición se reducía a una sección de la Policía Indígena, a las órdenes del  teniente Pradillo, reforzada con otra de tiradores mandada por el teniente Alvar y algunos civiles. Se habían producido varias bajas y siete heridos  necesitaban asistencia médica. Por el este, paralela al muro del cuartel, discurría la pista de aterrizaje de un pequeño aeródromo.

Primer salto de guerra de la Brigada efectuado sobre Tiliuín, durante la operación Pañuelo.
Primer salto de guerra de la Brigada efectuado sobre Tiliuín, durante la operación Pañuelo.

Para socorrer al  destacamento se planeó la operación Pañuelo, que básicamente consistía en el lanzamiento de una compañía de paracaidistas que tomaría contacto  con los defensores del fuerte, reforzaría sus defensas y, a ser posible, prepararía el terreno para el aterrizaje de los aviones. En caso contrario se  esperaría a las columnas que por tierra iban a socorrerles y se evacuaría y destruiría el cuartel. El nombre de «operación Pañuelo» le fue adjudicado por el pequeño espacio de terreno en el que debía efectuarse el salto. El aeródromo no pudo ser utilizado por encontrarse bajo fuego enemigo.

A las 2  de la madrugada del día 29, la 7.ª compañía de la II Bandera, mandada por el capitán Sánchez Duque, recibió la orden de alerta. Solo se prepararon  las secciones de los tenientes Calvo Goñi y García Andrés, puesto que la tercera era la de Ortiz de Zárate, que estaba cercada en Telata. Como  segundo jefe de compañía iba el teniente Soto del Río. Sus efectivos fueron reforzados con un equipo sanitario y una escuadra reducida de morteros  de 81 mm. En total, la Fuerza estaba compuesta por 75 hombres distribuidos en cinco patrullas de a 15, una por avión.

A las 10:16 horas los  Heinkel-111 empezaron a despegar. Al llegar a Tiliuín bombardearon sus alrededores durante 30 minutos. A continuación, con las armas que llevaban a  bordo, ametrallaron las zonas sospechosas donde pudieran estar ocultos los rebeldes. Mientras tanto, a las 11:05 horas se ponían en vuelo los Junkers 52 con los 75 paracaidistas a bordo. Veinticinco minutos después se lanzaron botes de humo sobre Tiliuín para comprobar la dirección e  intensidad del viento. Los Heinkel seguían ametrallando en cadena con gran efectividad. En la segunda pasada de los Junkers, sobre las 11:30 horas,  saltaron los paracaidistas a una altura de 200 metros. Todas las patrullas cayeron en los lugares previstos, cerca del cuartel, excepto la del capitán,  que tomó tierra a unos 2 kilómetros del puesto. Este error, lejos de perjudicar la misión provocó el efecto contrario, pues los rebeldes, desconcertados y temiendo un envolvimiento, abandonaron el cerco.

El capitán Sánchez Duque se hizo cargo del mando de toda la guarnición de  Tiliuín, es decir, de una sección de policía indígena, otra de tiradores y las dos de paracaidistas, y reorganizó la defensa de la posición. Se reconocieron  los alrededores para comprobar si era posible la toma de los aviones en alguna zona y así efectuar una evacuación de los heridos y  enfermos por vía aérea, pero el capitán Sánchez Duque no creyó oportuna la evacuación aérea, pues se encontrarían a merced de las armas  automáticas y de los morteros rebeldes. En su lugar solicitó un nuevo lanzamiento aéreo de material médico y medicinas y así se hizo. A las 21:00  horas de la noche del día 29 fueron ocupadas las posiciones dominantes sobre Tiliuín y poco más tarde entraban en la posición los legionarios que  marchaban en vanguardia de la columna de refuerzos.

El día 30 de noviembre, una vez finalizada la incorporación de unidades expedicionarias, el  general Zamalloa decidió acometer de inmediato la liberación de los puestos sitiados usando como elementos de maniobra los Tabores II y IV de  tiradores, las Banderas I y II de paracaidistas y la VI Bandera de la Legión, además de dos compañías del Soria 9, y se dedicó el resto de fuerzas a la  defensa de Sidi Ifni.

Como hemos descrito, la actuación de los paracaidistas, de los legionarios, de los tiradores, de los soldados de reemplazo y de  algunos policías indígenas leales fue determinante en aquellos primeros días del conflicto. La actuación de unidades recién creadas en el Ejército y de  gran impacto, como las paracaidistas, ha acaparado, junto a los legionarios, parte de la historia de aquel conflicto, pero nunca ha oscurecido la magnífica actuación de los soldados de reemplazo, de los tiradores y de los policías que tan brillantemente actuaron.

Las dos acciones decididas por el general Gómez de Zamalloa, antes de disponer de refuerzos, finalizaron con éxito y pudieron mantener el despliegue antes de la incorporación al  despliegue, el día 30, de las unidades expedicionarias de la Península. La semana del 22 al 29 de noviembre de 1957, que hemos descrito sucintamente en estas letras, fue el inicio del conflicto que duró hasta el 19 de febrero de 1958, tres meses, y se mantuvo la ocupación de Sidi Ifni y  poco más del territorio de Ifni hasta el 30 de junio de 1969, durante más de diez años, fecha en la que España entregó Sidi Ifni a Marruecos. Sin duda, fue un éxito militar de nuestras fuerzas.

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