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La retrocesión de Ifni: el punto y final de una gran obra civilizadora en la Historia de España Imprimir E-Mail
Alfonso José Jiménez Maroto
Escrito por Alfonso José Jiménez Maroto   
jueves, 16 de mayo de 2019

Fuente: El Faro de Ceuta

Cuando se han cumplido más de seis décadas desde la finalización de la Guerra de Ifni (1957-1958) y cincuenta años en la negociación de la retrocesión (1969) de dicho territorio a Marruecos, o lo que es igual, el abandono de estas colonias consideradas jurídica e históricamente españolas, aún existen numerosos vacíos en el alcance de esta página de la Historia contemporánea de España.

Con esta tesitura, los testigos de esta efeméride, en su mayor parte militares e historiadores, han procurado resolver estas carencias examinando con rigurosidad las numerosas fuentes aprovechables, ya fueran evidencias orales, documentos de todo tipo, gráficos descriptivos o la recolección más resaltante de alguna publicación, en la denominada retrocesión del enclave ifneño. Ello ha sido en gran parte, primero, por la manipulación informativa que los medios de comunicación padecieron en su debido momento a la hora de dar cuenta sobre estas circunstancias; segundo, por la falta de claridad administrativa existente; y, tercero, por la vaguedad en el acceso a documentos oficiales, que con el paso del tiempo los analistas han debido de mediar.

 La retrocesión de Ifni: el punto y final de una gran obra civilizadora en la Historia de España
La retrocesión de Ifni: el punto y final de una gran obra civilizadora en la Historia de España.

Por aquel entonces, la provincia de Ifni ponía un punto y final a una lucha que había desembocado en una guerra entre la facción española y el autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN), que contaba con el complot de algunos círculos de cabecillas marroquíes, cuando ocupó de facto la mayor parte de este territorio, menos la capital Sidi Ifni y sus inmediaciones.

La colonia de Ifni, un pequeño sector emplazado en la costa occidental africana bajo el antiguo protectorado marroquí, estuvo bajo custodia española de manera indiscutible. Si bien, salvo en instantes históricamente explícitos, este territorio apenas fue conocido por la ciudadanía desde la distancia, de ahí la indiferencia en el que posiblemente ha podido permanecer hasta nuestros días.

Pronto, con el establecimiento de Ifni se consiguió junto al Sáhara Occidental, el status de provincia durante el transcurso de la guerra que se extendió dentro de toda una operación de legitimación histórica de presencia colonial española.

Anticipándome a lo que a posteriori referiré, Ifni es una superficie de exiguas dimensiones, con una extensión de mil quinientos dos kilómetros cuadrados y ciento treinta kilómetros de frontera que le separa del Reino de Marruecos. Habiendo sido ocupada de forma pacífica en nombre de España, el día 6 de abril de 1934 por el coronel don Fernando Capaz Montes (1894-1936). Unos campos, apenas sin cultivar y construcciones diseminadas de adobe, con lo que poco más o menos, haría saltar a la vista un nivel de vida y cultura al margen de la más imperceptible evolución.

En resumidas cuentas, lo que en principio representó una alcazaba prácticamente semiderruida, gradualmente resultó ser una urbe totalmente restaurada y conocida como Sidi Ifni, que desde entonces quedó citada al auge y la prosperidad. Era para menos, una labor vigorosa que con el paso del tiempo obtuvo sus verdaderos frutos, viéndose plasmado en las mejoras higiénicas, técnicas y administrativas, que, como no podía ser de otra forma, serían valoradas y reconocidas favorablemente por la tribu bereber de los baamaranis y combatida por los clanes adyacentes.

No obstante, para distinguir el atractivo que propició el Ifni español, así como los factores que incidieron en su evolución, es imprescindible encajar algunas de las piezas que conforme se avanza en su evolución histórica, fundamenta las claras intenciones por rescatarla en épocas posteriores.

Al hilo conductor de los acontecimientos, inicialmente tras la ocupación de las Islas Canarias por la Corona de Castilla, se originaron varias irrupciones que acuciosamente determinaron la disposición de un establecimiento fijo.

Ya en el año 1476 o 1478, el hidalgo y conquistador castellano don Diego García de Herrera y Ayala (1417-1485), estableció un asentamiento en el litoral occidental de África hasta da por instaurada Santa Cruz de la Mar Pequeña. Empleándose como centro temporal de marineros y pescadores, donde se realizaban todo tipo de trueques comerciales y el tránsito de esclavos con Portugal. Era la vez primera, que la Corona se instalaba en un territorio de este continente.

Dando un salto en el camino, el año 1524 recogería entre sus memorias altercados y agresiones de tribus locales, que, de grado en grado, echarían por tierra la presencia de marineros y pescadores que trabajaban en sus inmediaciones y que gradualmente ante la cadena de escepticismo derivada, optaron por apartarse de esta zona.

Siglos después, en 1767, España solicitó la posesión de Santa Cruz de la Mar Pequeña, mediante contactos y negociaciones con sultanes marroquíes. Tales, como la firma del Tratado de Paz y Comercio. Toda vez, que estos empeños diplomáticos fueron inoperantes y España hubo de estar a la expectativa hasta rebasar el siglo XIX, en el que rescataría de nuevo este dominio.

En las postrimerías de la Guerra de África (1859-1860) y la consiguiente rúbrica del Tratado de Wad-Ras en la ciudad de Tetuán el 26 de abril de 1860, el sultán Muhammad ibn Abd al-Rahman, confirió a España este emplazamiento como históricamente en tiempos pasados se había poseído.

Sin embargo, sabedor de los grandes esfuerzos y tentativas acumulados por parte de España para hacerse con Ifni, además, de los tratados de Francia que avalaba estos mismos derechos en suelo africano, no sería hasta el año 1934 cuando se propició la ocupación efectiva del territorio ifneño.

En 1946, con la finalización de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y el arranque del aislamiento internacional, España no tuvo más remedio que incrementar su representación. Para ello constituyó el África Occidental española que incluía Ifni, Cabo Juby o Tarfaya y el Sáhara Español o Río de Oro. Como era de suponer, Marruecos tras obtener la Independencia en 1956, dio por iniciada una campaña de reivindicaciones incesantes sobre estos mismos territorios.

Ya inmersos en 1957, saltó la Guerra de Ifni-Sáhara (1957-1958) que, con la voluntad de controlar las colonias de Ifni, el Protectorado Sur y el Sáhara español, hizo enfrentar a las fuerzas hispanas contra las marroquíes. El Ejército de Liberación o Yeicht Tahair, con el aguante y apoyo tácito de Marruecos, acometió sin fisuras sobre las tropas españolas que confirmaron su flaqueza en la preservación de esta región.

La resultante de esta contienda radicó que el territorio de Ifni, ciertamente en posesión de España, quedó aminorado a un semicírculo de tan solo ocho kilómetros con centro en la capital de Sidi Ifni. El resto de la colonia fue tomado por Marruecos.

Con la consumación de esta pugna, se hizo entrega de Cabo Juby o Tarfaya y tomando el mismo ejemplo del Estado Nuevo o Nuevo Estado, llamado también, Segunda República o República Corporativa de Portugal en sus territorios coloniales, el día 10 de enero de 1958 fue establecida la provincia de Ifni, mediante un decreto de la Presidencia del Gobierno que, junto con la demarcación de El Sáhara, formaban el África Occidental española.

Lo cierto es, que la Independencia de Marruecos haría acrecentar las voces en el tono de las reivindicaciones diplomáticas. Certeza que sostienen numerosos expertos de la materia, porque en la década de los sesenta España ya barajaba la viabilidad en la retrocesión de Ifni. Pero, lo que nadie iba a sospechar, que en plena efervescencia de la política de descolonización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta sería quién abriría la puerta a este proceso.

Alcanzado el año 1960, la Resolución 1.514 de la ONU confirmó el derecho de los pueblos a su libre determinación, exponiéndose la necesidad de aprobar las medidas oportunas para que los territorios no autónomos conviniesen a su independencia. Indudablemente, en la lista de demarcaciones a las que se ceñía esta declaración, se hallaban las colonias hispanas de Fernando Poo, conocida como Guinea española, Río Muni, el Sáhara y evidentemente, Ifni.

Como era de esperar, en 1965, la ONU requirió que se asumiesen de manera urgente las pautas precisas para la liberación del dominio colonial del Sáhara español e Ifni. Nuevamente, un año más tarde, esta organización hubo de reincidir sobre este asunto con la Resolución 2.229.

Pese a que en estas fechas el Gobierno de España había ultimado su parecer en lo relativo a la renuncia de Ifni, no concurrieron discursos de calado estratégico, militar o económico que justificase la continuación en este territorio. Además, en este entramado mediador se procuró esquivar cualquier intento de agresividad contra Marruecos.

De la misma manera, a pesar de la aceptación en las resoluciones descolonizadoras de la ONU, se prosiguió con la maniobra del ministro de Asuntos Exteriores don Fernando María Castiella y Maíz (1907-1976), ante el requerimiento de Gibraltar frente al Reino Unido.

Una prueba de las intensas negociaciones habidas con Marruecos en 1967, por momentos infructuosas, lo corrobora que en octubre de este mismo año el ministro marroquí don Admed Laraki, anunció en la Asamblea General que se había llegado a un acuerdo sobre el territorio ifneño.

Con la puesta en escena de la Resolución 2.354, la ONU una vez más, volvió a reiterarse en esta causa sobre el oportunismo de la descolonización de Ifni. De hecho, don Jaime de Piniés (1917-2003) como comisionado español en las negociaciones del Peñón, respaldó la premura que se demandada en la devolución del territorio.

Con estas premisas, los hechos se precipitaron cuando en octubre de 1968 ante la Asamblea General de la ONU, Castiella comunicó la pronta conformidad con Marruecos, aun sabiendo que España poseía todos los derechos sobre esta región.

 La retrocesión de Ifni: el punto y final de una gran obra civilizadora en la Historia de España.
La retrocesión de Ifni: el punto y final de una gran obra civilizadora en la Historia de España

El 18 de diciembre las Naciones Unidas se ratificó con la Resolución 2.428, instando a dar por ultimadas las conversaciones y finiquitar propiamente el acuerdo de libre determinación en el futuro de Ifni.

Definitivamente, el Tratado de Retrocesión se refrendó en la ciudad de Fez el día 4 de enero de 1969, con el que se cristalizó la entrega formal y sin rectificación alguna en una ceremonia presidida por el general don José Miguel Vega Rodríguez (1913-1992).

Paralelamente, en contraprestación con este capítulo de la historia, se pactó un convenio hispano-marroquí sobre captura de pesca, determinándose unas aguas territoriales marroquíes de doce millas y con una validez de implementación de diez años.

En apariencia, este convenio trató de enmascarar las mermas motivadas sobre los derechos pesqueros de las costas de Ifni, impulsando a las empresas mixtas para estos fines y sus derivados. Lo que, en la suma redundaría de manera propicia para los intereses propios de España.

Años después, el 3 de marzo de 1973, Marruecos ensanchó unilateralmente sus competencias jurisdiccionales hasta setenta millas y emprendió una escalada de capturas de barcos españoles que faenaban dentro de ellas. Infringiendo en repetidas ocasiones las negociaciones convenidas.

El 30 de junio de 1969, una fecha para no olvidar, en Sidi Ifni se arriaba por última vez la bandera de España, porque administrativamente se había renunciado a una zona jurídica y políticamente sagrada, cuya protección había costado la vida aproximadamente a un centenar de militares en la guerra.

Entre las muchas cuestiones que afloraron desde aquel momento, cabría preguntarse: ¿Qué repercusión adquirió la retrocesión de Ifni en las mentes y corazones de los españoles? En principio, el choque social de este tratado fue inapreciable. Más allá de alguna comparativa sobre la proporción de votos contrarios en las Cortes Generales, los medios de comunicación no quisieron exponer el plano realista de las reacciones públicas en la cesión de la colonia.

Como era de presumir, la descolonización se declaró en los medios de comunicación como un paradigma de comportamiento íntegro, ante el inconveniente del sistema social y económico por el que un estado domina y explota una colonia, o lo que es igual, el colonialismo, frente al modelo vehemente del Reino Unido con el argumento gibraltareño.

En términos convencionales, la firma del tratado con Marruecos se exhibió como un modelo a seguir en el desempeño de los compromisos internacionales, pero, también, como un indicativo de benevolencia hispana y como precedente para el resto de actores colonizadores.

Del mismo modo, se pretendió hacer destacar la buena sintonía de amistad hispano-marroquí. Enfatizándose la omisión de la guerra en los diversos canales de comunicación o en los discursos del régimen, que años atrás habían enfrentado a ambos países durante el transcurso posterior al proceso de retrocesión.

En Ifni, las intensas rondas de negociación materializadas con Marruecos, fueron vistas en la cúpula castrense con cautela y prudencia. Buena prueba de ello lo acredita el militar, escritor e historiador don Gabriel Cardona Escarnero (1938-2011), que en palabras textuales expuso, que “nadie movió una pestaña ante la entrega del territorio”.

Igualmente, la revista militar Reconquista (1959-1989) de tirada mensual en Madrid y reflejo incontrastable del espíritu de cuerpo, mostró la añoranza, el sinsabor y cierta indiferencia implícita ante la postura generosa de España.

Véase como muestra, la edición de un artículo perteneciente al coronel don Luis Sáez de Govantes, en calidad de redactor jefe, deduciendo que frente al “sentimiento y unanimidad que incitaron a las hostilidades del año 1957 en defensa del honor patrio”, ahora de manera generalizada, la cesión de Ifni había dejado absoluta frialdad.

Una vez más, es justo y necesario otorgar especial distinción a los miembros de las Fuerzas Armadas, porque en el devenir de este preciso instante de la Historia compleja, exhibieron el respeto y acatamiento comedido y estuvieron al margen de cualquier accionar político integral y coordinado.

La concesión de Ifni había sido más que admirable, porque los militares concibieron mejor que nadie este territorio como una parte de su propia carne.

Recuérdese al respecto, que en el año 1969 esta superficie sólo estaba poblada por unos diez mil ciudadanos españoles, de los cuales, cerca del 90% eran integrantes de la milicia acompañados de sus respectivos núcleos familiares.

Era más que innegable, el traspaso de Ifni simbolizó el cierre de uno de los mayores pórticos que habían hecho muy grande la Historia de España.

Ahora, no quedaba otra, que dejar al margen los ideales de asentamiento como los configurados en tiempos pasados en este territorio africano y colaborar en pro de la paz mundial, inspirando la armonía entre las naciones y apuntalando el desarrollo económico y social como los que contemplaba la ONU.

En conclusión, la reinterpretación histórica del colonialismo desde los tiempos de los Reyes Católicos, provocó al régimen español la hechura de toda una obra legitimadora de la soberanía, que varió en función de las circunstancias y en un área dispuesta a miles de kilómetros de la Península Ibérica.

La inoculación internacional de descolonización retratada en estas líneas e indiscutiblemente la interposición de la ONU y la pretensión anexionista marroquí, apremiaron al automatismo de la palabra retrocesión, un vocablo ingeniosamente elegido por la dictadura para encubrir la entrega de Ifni.

Posterior al conflicto bélico, los movimientos afines al régimen de Franco intentaron convertir la historia en un conjunto de hitos y proezas con un razonamiento adulterado: “Desde el siglo XV, los españoles estaban consagrados a habitar estos territorios”.

Por ende, se produjo un juego de palabras en la realidad de Santa Cruz de la Mar Pequeña y se enaltecieron etapas memorables, como la que hicieron enfrentar a España y al sultanato de Marruecos.

Como se ha expuesto en este pasaje, el gravoso sostenimiento de una franja improductiva a miles de kilómetros de España, así como el entorno descolonizador internacional que estaba al acecho, indujeron a un cambio de dirección en el régimen franquista, hasta inclinarse concluyentemente por la retrocesión del territorio de Marruecos.

Asimilar el pasado para deducir mejor el futuro, se hizo más que visible en el escenario de Ifni, con el que se une lo que de humano en todo ello continúa palpitando, porque, a pesar de los años transcurridos, no se ha desvanecido el duro precio de sangre tributado por quiénes se ofrendaron a inmortalizar a esa figura sublime del soldado español, que encomiablemente supo engrandecer la Historia en tierras africanas.

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