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El soldado-médico Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Manuel Jorques Ortiz
miércoles, 06 de enero de 2010
Índice del Artículo
El soldado-médico
La llegada
La Jura de Bandera
Las posiciones defensivas
Agudizando el ingenio
De oposiciones en Madrid
De regreso en Ifni
Motín en el monte Buyarifen
Un "regalo" de última hora
Por fin "La Licencia"

De regreso en Ifni

Desde el barco a la posición de la “Huerta Madame”.
Desde el barco a la posición de la “Huerta Madame”.

Con el certificado del suspenso en el bolsillo y el feliz final de nuestra “travesura” castrense el día 14 solicitamos billete militar en el tren, para Cádiz, para embarcar con destino a Las Palmas –con lo que se alargaba el peculiar permiso de estudios- y en la Ciudad de la Luz nos presentamos –el día 20- en la Delegación de Tiradores que era tanto como la reincorporación al Grupo. Como hasta el día 28 no había barco para Ifni nos pasamos una semana de turismo por la Isla. Llegada la fecha final de la escapatoria, al ver la barcaza destinada para el trayecto y el aspecto del océano nos entraron serios temores que, por desgracia, se confirmaron. El trayecto es corto pero el estado de la mar nos impidió desembarcar hasta el día 3 de Diciembre: Fueron cinco días en alta mar, en la cubierta del buque, encima de balas de paja y forraje y ¡amarrados al mástil” por las noches, si querías dormir sin caerte al agua. De comida poca y mala. Gracias a algunos calamares que íbamos pescando y que nos freía el cocinero.

A la puerta de la cantina. Enero de 1.962.
A la puerta de la cantina. Enero de 1.962.

Había finalizado el estupendo viaje y volvía a enfrentarme con la cruda realidad. Tras unos días de “aclimatación” en el Grupo, el día 18 de Diciembre a Eduardo lo enviaron al Buyarifen mientras que a mí me destinaron al puesto de mando de la llamada “Huerta Madame” –ni había huerta ni nada que se le pareciera- situada en la cota 2’54 para relevar al teniente médico Benedicto y allí permanecí hasta el 25 de Enero de 1.962 –fiestas navideñas incluidas-. Lo pasé francamente bien, sin sobresaltos, ya que al estar aquella posición compuesta de varios subelementos –cota 2’54, cota 2’69, “Mohamed ben Daud” y la propia “Huerta Madame”- me puse de acuerdo con los sanitarios que estaban destinados en cada uno de ellos y de vez en cuando me llamaban para ver a algún enfermo. Con esa excusa le pedía al comandante del Tabor su jeep y pasábamos por la Huerta en cuya balsa nos bañábamos –fue un invierno especialmente caluroso-.

En la cocina de la Huerta Madame. Enero de 1963.
En la cocina de la Huerta Madame. Enero de 1963.

No recuerdo especialmente como pasamos las navidades y el año nuevo en la posición, pero que fueron muy distendidas dan fe las diversas fotografías que nos hicimos.

Centralita “digital” de teléfonos.
Centralita “digital” de teléfonos.

Tuve tiempo durante aquellos cuarenta días en la posición para familiarizarme ampliamente con el aspecto estrictamente militar, orillando muchas veces –por la ausencia de enfermos- mi destino de soldado-médico.

De esta forma pude conocer el entresijo de la cocina, del armamento y de las trincheras que ya había “catado” durante mi estancia en el Buyarifen, antes del viaje a la Península, así como del buen ambiente que en esta posición reinaba, con una tropa estupenda y unos mandos flexibles en cuanto a uniformidad se refería.


También pude ver, una vez más, la pobreza de nuestro Ejército. En el aspecto de las comunicaciones era tan rudimentario y tercermundista que al comparar nuestros teléfonos con los que salían en las películas americanas, era para ruborizarse.

Pelando patatas en la cocina de la “Huerta Madame”.
Pelando patatas en la cocina de la “Huerta Madame”.

Relevado de esta posición –“Huerta Madame”- en la que vi finalizar el año 1.961 e iniciar 1.962, durante unos días estuve en el Botiquín del Grupo hasta que el 11 de Febrero me enviaron nuevamente al Buyarifen en donde permanecería hasta el 5 de Abril. Era la segunda vez en que iba a esta posición aislada, enclavada dentro del territorio de Ifni usurpado por Marruecos tras la guerra del 57-58 y tuve la mala suerte de coincidir –entre otros- varias semanas con el teniente Verde -¡hay nombres que jamás se olvidan!- al mando de la posición.


 
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