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La seguridad en las relaciones hispano-marroquíes Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Ángel Pérez González   
sábado, 13 de febrero de 2010

Fuente: Revista Atenea

Este artículo fue publicado en el número 8 de Revista Atenea

Los problemas de seguridad son percibidos en España y Marruecos de forma distinta, fundamentalmente por tres razones. Una histórica, el pasado colonial de Marruecos; otra estratégica, a saber, Marruecos percibe su seguridad exterior como el resultado de la acción combinada de dos naciones hostiles, España y Argelia; y otra política, es decir, la naturaleza misma del régimen marroquí, capaz de interpretar la seguridad de forma muy amplia cuando atañe a su legitimidad, base ideológica o ambición exterior. El caso de España es exactamente el contrario. Se trata de una potencia que ha sido imperial; con una percepción estratégica de sí misma mucho más flexible y global; y cuya naturaleza política le exige abordar los problemas de seguridad de acuerdo con criterios más objetivos y restrictivos. A partir de estas diferencias los problemas de seguridad que afectan a ambas naciones pueden dividirse en tres grupos: el primero engloba el conflicto territorial y la seguridad militar; el segundo la gestión de fronteras y el terrorismo; y el tercero las cuestiones que afectan a la vida política interna de Marruecos como la democracia y la cuestión bereber. En los tres casos es necesario poner de relieve el protagonismo de dos ciudades españolas, Ceuta y Melilla.

Conflicto territorial y seguridad militar

El conflicto territorial afecta no solo a Ceuta y Melilla, sino a los amplios espacios marinos en disputa tanto en el Mediterráneo como en la región de Canarias. Los territorios españoles en el norte de África apenas alcanzan los 32 kilómetros cuadrados, pero su proyección marítima, no reconocida por Marruecos; combinada con el espacio marino propio de la Península y la isla de Alborán, convierten ese mar en algo cercano a un lago español. Esta situación es una fuente de conflictos siempre que se plantea su aprovechamiento económico. Esta perspectiva geográfica, por tanto, permite situar la reclamación marroquí en su justa medida, más importante para ambos estados de lo que a priori pudiera parecer, como puso de relieve el incidente de Perejil en 2002. Al negarse a reconocer las fronteras españolas y aspirar a la anexión de las dos ciudades autónomas, Marruecos constituye para España un problema de seguridad en sí mismo, y lo convierte en el único Estado que mantiene una actitud diplomática de abierta hostilidad hacia ella. Marruecos, por el contrario, entiende este hecho como parte de su reconstrucción nacional, iniciada en 1956 y de la que fueron víctimas Ifni primero y el Sahara Occidental después. Esto es, constituye un capítulo más del expansionismo postcolonial que ha llevado a Marruecos a enfrentarse con sus tres estados vecinos: España, Argelia y Mauritania.

Las fuerzas armadas marroquíes, a cuyo mando se encuentra el propio Rey, están desplegadas fundamentalmente en el Sahara Occidental, aunque el cuartel general de esta fuerza, protegida por un muro de 1.200 km, está situado en Agadir. Existen unidades de cierta envergadura en Ouarzate, Errachidia y Uxda, es decir, a lo largo de la frontera argelina. En el resto del territorio marroquí apenas hay unidades operativas. Dispone de material anticuado, sometido a un fuerte desgaste, y una logística pobre; pero se trata de un ejército bien instruido, aunque con menos experiencia contrainsurgente y antiterrorista que el argelino. El servicio militar obligatorio desapareció en 2006, tras el arresto de varios militares y gendarmes involucrados en una trama terrorista y, probablemente, ante la necesidad de controlar la penetración islamista entre la tropa. La marina real es extremadamente modesta, sus bases tradicionales se encuentran en Casablanca, Agadir, Alhucemas y Dajla, y sus buques carecen de capacidad para el combate aeronaval. Marruecos cuenta además con una unidad de infantería de marina y una reducida fuerza aérea cuya renovación dio comienzo en 2008 tras la decisión de compra de 24 cazabombarderos F-16. A pesar de su relativa debilidad, estas fuerzas armadas han constituido un instrumento útil de política exterior, haciendo posible el objetivo de integrar el antiguo Sahara español y reforzar las líneas de cooperación con Francia y los EEUU, eje de la política de seguridad alauita y vía para romper el potencial bloqueo, la gran preocupación estratégica marroquí, de España y Argelia. La cooperación militar con los EEUU es intensa, e incluye ayuda militar directa, creciente desde 2003; la instalación de una base militar en Tan Tan (Africom), e instalaciones de seguimiento de satélites en Benguerir entre otras. Marruecos aspira además a reforzar su presencia en el estrecho de Gibraltar, para lo que ha puesto en marcha la construcción de una nueva base naval en Alcazarseguer.

Gestión de fronteras y terrorismo 

La gestión de la frontera común crea problemas como el control de la actividad pesquera, la vigilancia marítima, el sobrevuelo de las zonas en litigio por aeronaves de las fuerzas de seguridad; la gestión ecológica y medio ambiental, la expulsión de inmigrantes ilegales, el control e interceptación de pateras y cayucos, el internamiento y repatriación de menores, la persecución de delitos, el tratamiento aduanero de los productos exportados a Marruecos desde Ceuta o Melilla, la prospección petrolífera o el tráfico de droga. La droga por excelencia es el cannabis, cultivo tradicional que ha adquirido con la aparición de mafias y canales de distribución dirigidos a Europa una importancia creciente. Su tráfico está prohibido, pero las plantaciones en el Rif son de facto toleradas por las autoridades y se estima que cubren hoy unas cien mil hectáreas. El número de situaciones de difícil solución es infinito, motivo por el cual la administración española intenta resolver unilateralmente muchos de ellos. Entre esas actuaciones unilaterales se encuentra la construcción de una valla perimetral que hoy rodea Ceuta y Melilla. La valla ha sido objeto de crítica, pero su eficacia es indiscutible, reduciendo drásticamente el número de inmigrantes ilegales y los asaltos a que era sometida la alambrada precedente. Ha solventado además los problemas de control fronterizo de otras épocas con puestos de vigilancia fijos; eliminación de pasos ilegales en cañadas y arroyos; y la construcción de una carretera perimetral que permite el acceso de las fuerzas de seguridad a cualquier punto del perímetro con rapidez. La valla ha pasado por tanto de ser una infraestructura defensiva, a integrarse en las ciudades como un elemento regulador: fija la frontera y canaliza los flujos de población que utilizan los servicios que ambas ciudades ofrecen. La presión marroquí sobre la frontera es constante y ha adoptado dos formas; la primera, la manipulación de los flujos de inmigrantes subsaharianos que se asientan en los alrededores de Ceuta y Melilla, en espera de una oportunidad para entrar en territorio español. La segunda, la creación y financiación de organizaciones civiles que han concentrado sus esfuerzos en la provocación de altercados, a menudo violentos y consentidos por las autoridades marroquíes, como el bloqueo de los puestos fronterizos de Farhana y Beni Enzar el 30 de junio y 1 de julio de 2008.

El problema terrorista ha aparecido de la mano de Al Queda, que realizó en noviembre de 2007 un llamamiento a la guerra santa contra los intereses de España, Francia y Estados Unidos en los países del Magreb. Repetición de la amenaza formulada en mayo de 2007 por el emir de la organización Al Queda en el Magreb Islámico, Abu Musab Abd-el Wadouf en términos que no dejaban lugar a dudas: "Musulmanes, liberad Ceuta y Melilla y limpiaros de la impureza de España". El problema islamista, real o potencial, en Ceuta y Melilla, había sido ya identificado en 2004 como estratégicamente relevante por el Ministerio del Interior, considerando tanto a Ceuta como Melilla como la frontera de la yihad, y como puntos calientes y débiles en la lucha contra el terrorismo islamista. La detención de sospechosos de colaboración terrorista se produjo en Ceuta en diciembre de 2006 cuando 11 individuos fueron detenidos y acusados de pertenecer al grupo terrorista Salafiya Yihadia con planes de robar armas en alguna instalación militar y perpetrar un atentado en las fiestas locales. Los planes exigían la colaboración de miembros de las fuerzas armadas, hecho que reabrió la polémica sobre el número de musulmanes integrados en las guarniciones locales. La organización Al Queda volvió a recordar que las ciudades están en su punto de mira en 2007. En esa ocasión, en un mensaje de audio difundido en la página electrónica de As-Sahab, el líder terrorista Al-Zawahiri hizo un llamamiento a continuar la lucha hasta controlar todos los territorios musulmanes, desde Asía Central hasta Ceuta y Melilla. El entorno islamista organizado más cercano a las ciudades españolas es el de Tetuán, Uxda y Berkan. También se han detectado células embrionarias en Nador, Monte Arruit y Zeluán. El islamismo plantea un problema de fondo a la población musulmana local, pues su integración podría frustrarse al asumir doctrinas extremadamente radicales. Y en todo caso este problema, como el de la inmigración subsahariana, es utilizado por Marruecos para identificar la frontera española como un problema de seguridad internacional, indicando en realidad con esta expresión que resultan una amenaza para el propio reino alaui, por constituir un territorio sobre el que no puede ejercer sus amplías competencias policiales y donde es posible el desarrollo de opciones políticas fundamentalistas, regionalistas o de otro signo, que escapan a su control efectivo. Las amenazas de Al Queda contra los intereses españoles en la zona ponen a Marruecos además en la tesitura de tener que colaborar con España o esforzarse en solitario por proteger aquellas fronteras que afirma no reconocer. El islamismo es de hecho un problema interno en Marruecos, dada su fuerte implantación política y la recurrente detención de personas acusadas de complotar contra las autoridades. Las amplias redes dedicadas al tráfico de inmigrantes y drogas que operan en el norte de Marruecos ofrecen por último una posible canalización sencilla de la actividad terrorista hacia España.

Democracia, cuestión bereber y demografía en Ceuta y Melilla  

España constituye un problema de seguridad política para Marruecos. Se trata de un estado democrático, donde la actividad favorable al Frente Polisario goza de tremenda popularidad. Y Ceuta y Melilla constituyen los únicos territorios norteafricanos dotados de un sistema representativo y legal acorde con los estándares occidentales. Este modelo tiene consecuencias prácticas que van desde la libertad asociativa y de expresión, el tratamiento legal de la mujer en la sociedad, la autonomía regional, la creación de partidos localistas, o de naturaleza étnica o cultural, por ejemplo bereber; hasta la libertad de prensa, que contrastan con la realidad marroquí. La actividad bereber o amacige en territorio español genera tensiones diplomáticas con Marruecos, como sucedió en abril 2008 tras la aprobación de la Declaración de Granada, cuyos firmantes reclamaron reformas políticas y constitucionales; autonomía regional, la legalización del PDAM (Partido Democrático Amacige Marroquí) y la liberación de todos los detenidos en cárceles marroquíes en la lucha amacige. Tanto el documento, como la presencia de miembros de un partido ilegalizado en Marruecos molestaron a las autoridades marroquíes, que lo consideraron una injerencia en asuntos internos. En España la configuración de una identidad amacige es posible en Melilla, donde el 38% de las familias son bereberes. Este hecho plantea la cuestión de cómo influiría en la región vecina el desarrollo de una conciencia cultural, política y lingüística bereber en la ciudad española. 

La existencia de una población musulmana en Ceuta y Melilla, de nacionalidad española, origen marroquí, e involucrada en la política local es interpretada por Marruecos como una prometedora oportunidad de influir en la vida de las ciudades y en su futuro estatus político. Una oportunidad, y también un riesgo. Hasta hoy, a pesar de la presencia habitual de los servicios de inteligencia marroquíes en territorio español, el control de las mezquitas, la captación de colaboradores, la existencia de algún centro escolar de gestión propia, y la organización de una infraestructura administrativa en las inmediaciones (gobernadores simbólicos, financiación de viajes a La Meca, concesión de becas universitarias, libros específicos en el registro civil en Fnideq y Nador, entre otras) la población musulmana ha resultado más impermeable de lo esperado. Medir la influencia efectiva de Marruecos en las ciudades es difícil, y tras la crisis local de 1985-87 y la tensión de Perejil en 2002, Marruecos ha procurado que aquella sea silenciosa con objeto de no generar temor en una población que por ahora parece valorar la nacionalidad española; posee grados de integración lingüística variados, notablemente altos en Melilla donde el amacige y el español son de facto sus lenguas vehiculares mayoritarias en detrimento del árabe, y en general no ha secundado los esfuerzos por crear partidos políticos o asociaciones promarroquíes. Los partidos políticos de base musulmana han tendido a organizar su actividad política de acuerdo con intereses grupales, consiguiendo una influencia política limitada, producto de la excesiva fragmentación del electorado y los altos porcentajes de abstención. La población europea, mayoritaria, ha atravesado períodos de localismo político que finalmente han desembocado en la consolidación de su electorado, muy activo por comparación al musulmán, en torno a los dos grandes partidos nacionales, capaces de arrastrar a una parte minoritaria del voto musulmán. Hecho que parece corroborar la heterogeneidad creciente de las comunidades de origen marroquí de ambas ciudades en lo concerniente a la ideología, la práctica religiosa y el grado de integración lingüística. El crecimiento de la población musulmana ha generado dudas en España, cuyos servicios de inteligencia han catalogado este fenómeno como un riesgo potencial al que prestar atención. Riesgo interno generado por la lealtad dudosa de la población musulmana; y externo, es posible añadir, ante las implicaciones diplomáticas que el desarrollo de la especificidad bereber pudiera ocasionar con Marruecos y Argelia.

Conclusión 

España y Marruecos mantienen puntos de vista encontrados en prácticamente todos los ámbitos que afectan a la seguridad. Interpretaciones divergentes que garantizan la pervivencia de una notable desconfianza mutua. Ceuta y Melilla tienen, además, una repercusión nociva para Marruecos en el plano simbólico, es decir, suponen la demostración de que un territorio norteafricano, habitado por una nutrida comunidad musulmana de origen marroquí, puede organizarse democráticamente; y en el plano estratégico. Marruecos se imagina ocupando un espacio bajo presión de dos potencias hostiles, Argelia y España, que mantienen posiciones contrarias o ambiguas en lo concerniente a sus intereses en el Sahara Occidental. Ceuta y Melilla otorgan profundidad a esa sensación de aislamiento estratégico que se traduce en un intenso nacionalismo y hostilidad hacía los dos estados vecinos. Parte esencial de la política exterior marroquí está dirigida a romper ese pretendido aislamiento, fatal para sus intereses regionales, estrechando sus vínculos con Francia y los EEUU. Solo la amenaza terrorista permite vislumbrar, quizá, un campo de interés y colaboración común, en la medida en que aquella podría constituir un riesgo existencial para el propio régimen marroquí. 

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