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España mercadeó con el Sáhara Imprimir E-Mail
Manuel Jorques Ortiz
Escrito por Manuel Jorques Ortiz   
miércoles, 19 de enero de 2011
Índice del Artículo
España mercadeó con el Sáhara
España mercadeó con el Sáhara (Portada)
Traición en el desierto
Dos soldados con una misión: fijar el precio del Sáhara Español
'El gobierno español nos encargó poner precio al Sáhara'
Evacuación precipitada
'Salimos del Sáhara con el rabo entre las piernas'

Evacuación precipitada

Fuente: El Temps nº 1.382, pp. 30 a 32 (en catalán)
Autores: Gemma Aguilera y Àlex Milian
Traducción: Manuel Jorques ortiz

Un teletipo de la agencia EFE, en primera página en la portada de “La Realidad”, el diario de El Aaiun, encendió todas las luces de alarma en la provincia del Sáhara Occidental. En aquellos momentos la población sahariana, que había recibido la expresa promesa de que tendría un referéndum de autodeterminación en el que podría elegir su relación con los vecinos, intensificó las manifestaciones. El Frente Polisario, que –según el informe de la misión de la ONU que había visitado el Sáhara seis meses antes- “parecía era la fuerza política dominante en el territorio, pese a estar considerado como un movimiento clandestino hasta la llegada de la misión”, intentó realizar una demostración de su fuerza antes de que se tomaran las últimas decisiones. 

Un grupo de civiles españoles en el aeropuerto de El Aaiun, el 10 de Diciembre de 1.975, preparados para la evacuación.
Un grupo de civiles españoles en el aeropuerto de El Aaiun, el 10 de Diciembre de 1.975, preparados para la evacuación.

En aquel momento, el general gobernador del Sáhara Occidental desempolvó el protocolo de evacuación que tenía diseñado, denominado Operación Golondrina. Todos los conocedores de este documento consultados por EL TEMPS coinciden en que fue redactado antes de la Marcha Verde. Como se puede ver en la primera página (observen la fotografía de la derecha), el título es Desarrollo e la Operación Golondrina bajo el supuesto de situación de emergencia, lo que hace pensar hecho para el supuesto de un ataque por Marruecos o una rebelión de los saharauis: “Al recibir orden de evacuación –dice la primera frase-, provocada por un ataque de países limítrofes o por una degradación de la situación interior, la población europea y los nativos –si su lealtad y deseos lo aconsejan- han de ser concentrados en los puntos…” 

Pocos días después, el Ejército se encargó de instalar unas barreras entre los barrios europeos de El Aaiun y los que ocupaban los saharauis para garantizar que la salida de civiles y militares hacia el aeropuerto de la ciudad no encontraría dificultades. Según el testimonio sobre los hechos realizada por un recluta, aquella medida creó una división artificial: “Aquellos que vivían en paz y armonía con los saharauis (yo compartía un piso con unos amigos en su barrio) tuvimos que salir de allí por las presiones de los militares. Teníamos amigos saharianos y nos encontrábamos completamente seguros, pero ya no pudimos mantener la misma relación”. 

La “Operación golondrina”, el plan previsto para evacuar el Sáhara, acabó en manos de jóvenes reclutas, la mayoría catalanes. Mientras los barcos repatriaban 2.000 cadáveres de los cementerios, las esposas de los militares aprovechaban los vuelos para ir a comprar a la Colonia.

Según algunas fuentes, la Operación Golondrina preveía la evacuación, en el conjunto el territorio, de 10.500 civiles, 4.000 toneladas de material y 1.350 vehículos. La evacuación de los civiles debía ser prioritaria, pero, según testimonios y los rumores iniciales, rectificaciones absurdas y algo de picaresca.

La evacuación de los militares fue más gradual y se alargó hasta el último día de febrero de 1.976. En total, las previsiones de la Operación Golondrina eran evacuar 7.000 hombres mediante barcos, 5.000 por vía aérea –se hizo con aviones Hércules hasta lavase de Getafe-, 11.600 toneladas de material y 2.120 vehículos. 

A desenterrar cadáveres

Se había decretado el toque de queda en l Aaiun el día 28 de octubre. En la residencia de funcionarios, los autores del informe de valoración económica del Sáhara, Víctor Farré y Enric Oliva, y sus dos compañeros de “mili” y también de estudios en la Facultad de Económicas de Barcelona, Xavier Carrascosa y Javier de Aysa, jugaban a las cartas cuando oyeron el sonido de tanques por la calle. A toda prisa se presentaron en el edificio del gobierno general para ofrecer sus servicios. “Siempre asistíamos a todas las reuniones del gobierno del Sáhara, con los delegados ministeriales y Rodríguez de Viguri, y en esta ocasión pensamos que podíamos ayudar, aunque solo fuera sirviendo cafés. Y terminamos coordinando la evacuación de civiles y materiales desde la comisión especial de evacuación”, rememora Víctor Farré. 

Primera página de la Operación Golondrina”, que había de ser empleada en caso de emergencia para la evacuación, tal como se puede leer, la población civil europea y los nativos, si su lealtad y sus deseos lo hacen aconsejable”.
Primera página de la Operación Golondrina”, que había de ser empleada en caso de emergencia para la evacuación, tal como se puede leer, "la población civil europea y los nativos, si su lealtad y sus deseos lo hacen aconsejable”.

Entre todas las tareas que se tenían que hacer para desocupar precipitadamente el territorio, la más extraña le tocó a Javier de Aysa. Había que vaciar los cementerios y repatriar los cadáveres. “Los marroquíes no podían pisar tierra cristiana, por lo que entrarían en los cementerios con excavadoras y lo destrozarían todo. Mi misión era coordinar los trabajos de desenterramiento de los cuerpos de civiles españoles, los peninsulares, y localizar las familias para hacerles llegar los féretros hasta algún cementerio de España. Me ayudó la Policía al facilitarme el censo. Encargamos 500 ataúdes y 1.500 urnas y enviamos por barco los cuerpos a las familias que lo querían. Y los que no tenían familia o no se hicieron responsables, fueron a parar a una fosa común en Canarias”, explica De Aysa. Este joven soldado también dirigió la Operación Camello, que consistía en microfilmar todos los documentos oficiales que había en el Sáhara para tener una copia en Canarias. Así, la población podría recuperar partidas de nacimiento, certificados de propiedad, etc. 

No evacuen a las prostitutas

En el caso de Víctor Farré y Enric Oliva, el trabajo era más de tipo logístico. Tenían que coordinar la evacuación de muebles, vehículos y mercancías de los civiles, pero tenían que empezar de cero porque no existía ningún tipo de infraestructura. Hasta el punto que tuvieron que montar una imprenta para imprimir facturas y hojas de instrucciones para la población que tenía que llevar sus muebles al punto de recogida. “Hasta tuvimos que robar una fotocopiadora de la sede de Falange”, recuerda Farré. El equipo de jóvenes disponía de 200 soldados para llevar a término la misión.

Bien mirado no eran muchos porque situaciones absurdas se mantuvieron hasta el último día. Un recluta catalán destinado en el Sáhara Occidental –y que prefiere mantenerse en el anonimato-, recuerda que en plena Operación Golondrina algún jefe dedicaba el tiempo de sus reclutas a construir el bar de oficiales del cuartel de Artillería. “Solo faltaban tres días para la evacuación del personal militar de aquella zona y el coronel González de Suso obligaba a realizar los últimos retoques al nuevo bar de oficiales. La razón –explica esta fuente- es que la construcción de este tipo de instalaciones daba puntos a los militares para ascender”.

Mientras, unos soldados sin experiencia se hacían cargo de la complejidad de evacuar la población civil, muy dificultosa por el hecho de que muchos se resistían a abandonar el Sáhara. Los protagonistas de esta historia recuerdan que la población no se creía que se tuvieran que ir, y es que, de hecho, oficialmente el acto de la cesión a Marruecos todavía no estaba firmado. Muchos pensaban que todo eran rumores y se negaban a marcharse de sus casas. Algunos “no sabían a donde ir y me pedían a mí consejo sobre a donde iría yo en caso de estar en su lugar”, dice Farré.

El recelo de la población, unas 35.000 personas, hizo que una noche, los militares decidieran blindar el barrio Colominas y rastrear la zona por la policía. “Fueron puerta por puerta a requisar los DNI de todos los vecinos, y los citaron para el día siguiente en la base de evacuación para decirles que les embarcarían a todos en un barco con destino a Canarias. Precintaron las viviendas y los llevaron al puerto. Pero la nave no pudo salir y los tuvieron toda una noche pasando frio y muy enfadados”, explica Víctor. “La gente estaba muy nerviosa, por lo que pensé que, para rebajar la tensión, les podíamos liquidar las indemnizaciones. Y así lo hice. Eran unas 30.000 pesetas por persona”, recuerda este hombre, que en aquel entonces era un soldado e solo 23 años de edad. 

Las mujeres tenían prioridad en la evacuación. Pero cuando ya estaban en Canarias, Farré recibió una orden directa de los militares: habían dejado todo el territorio sin una sola prostituta. Era urgente que volviesen unas cuantas al Sáhara a prestar un servicio necesario para el ejército estacionado. En consecuencia, citaron a las prostitutas en un hotel y les ofrecieron billetes de avión para volver al Sáhara. Muchas volvieron. Sabían que harían negocio. 

La bandera española es arriada de la Comandancia de Marina de Villacisneros, el 13 de enero de 1.976. A la derecha, una nota para los clientes del Banco Exterior de España en El Aaiun: Las oficinas cerrarán definitivamente el 11 de Diciembre.
La bandera española es arriada de la Comandancia de Marina de Villacisneros, el 13 de enero de 1.976. A la derecha, una nota para los clientes del Banco Exterior de España en El Aaiun: Las oficinas cerrarán definitivamente el 11 de Diciembre.

Quien también aprovechó los vuelos de evacuación –según la fuente anónima mencionada anteriormente- “fueron algunas mujeres de los militares, que viajaban en aviones Hércules desde Getafe a la Colonia española para ir de compras, porque los productos eran mucho más baratos, y después volvían con siete u ocho alfombras y un montón de radios y todo tipo de aparatos. 

Si está roto, dejadlo

Esteve Olives era uno de los muchos médicos-soldados que llegaron al Sáhara. Después de desempeñar funciones de médico y de profesor en una escuela de enfermería, su misión en el proceso de evacuación fue desmantelar un centro sanitario próximo a la frontera marroquí. Encontró cuatro trastos viejos, camas y armarios en mal estado: “El sargento me sugirió que los acabáramos de inutilizar y de esa forma no tendrían que llevárselos. Desde allí partimos con dirección a El Aaiun, conduciendo una ambulancia cuyos frenos no funcionaban demasiado bien”. Pero antes los soldados habían preparado una broma a los marroquíes: “Había un bar y llenaron botellas de whisky con orina”. Después, él otros médicos todavía pasaron un mes en el territorio hasta volver a casa, “de ocho de la mañana a la una del mediodía, vestidos de militar, cerrados en la cantina del hospital militar, sin nada que hacer”. 

Salvador Fontanet también prestaba servicios médicos en la zona. Tuvo más suerte que su compañero porque cuando empezó la evacuación se encontraba en Cataluña de permiso. Y cuando se reincorporó, el día de San Esteban, fue directamente a Canarias. Pero recuerda perfectamente que los sahauries creían firmemente en su independencia: “Querían pagar la independencia y que España se la cobrase con fosfatos y pesca a cambio de los servicios para organizar en el nuevo estado, y una vez saldada la deuda que se fuera”. Los acuerdos de Madrid lo impidieron. 

El 28 de febrero de 1.976, el ejército arriba la bandera española. Los últimos militares se iban y los sahauries se quedaban a merced de marroquíes y mauritanos.


 
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