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Cuatro soldados-médicos de Tiradores de Ifni Imprimir E-Mail
Manuel Jorques Ortiz
Escrito por Manuel Jorques Ortiz   
sábado, 14 de mayo de 2011
Los cuatro soldados-médicos con el teniente Benedicto.
Los cuatro soldados-médicos con el teniente Benedicto.

El día 2 de abril pasado se celebró la Asamblea General Ordinaria de la Asociación de Veteranos de Ifni del Levante Español (AVILE) , en los salones del majestuoso hotel Holiday In, enclavado en la maravillosa Playa de San Juan (Alicante), a la que concurrieron muchos de los socios, familiares, amigos y simpatizantes, en la que la Junta Directiva dio amplias y minuciosas explicaciones sobre las actividades realzadas en el poco más de un año de existencia legal de la Asociación, y donde los socios pudieron expresar sus opiniones y tomar los acuerdos pertinentes, obrantes en el Acta levantada al efecto, entre los que puede ser uno de los más importantes las gestiones para una confirmación y/o reiteración de la “Jura de Bandera” que, muchos de nosotros, hicimos hace ahora cincuenta años. Pero no es de esto de lo que quería hablar (ya lo hace la Junta Directiva) sino del acontecimiento que se dio con motivo de la reunión y posterior comida, y digo acontecimiento en el más amplio sentido de la palabra, ya que tras tanto años (medio siglo) se juntaron en la misma mesa cuatro de los más significados soldados de Tiradores de los años 1.961-62, quienes sin dejar el fusil en momento alguno desempeñaron funciones de soldados médicos. Fueron cuatro y los cuatro tenían las carreras recién terminadas y un amplio porvenir por delante del que la mili fue un paréntesis lleno de vivencias, experiencias, amistad y fraternidad.

Los doctores Rovira, Susarte, Soler y Gracia, otrora soldados-médicos de Tiradores (Abril 2.011).
Los doctores Rovira, Susarte, Soler y Gracia, otrora soldados-médicos de Tiradores (Abril 2.011).

Me estoy refiriendo a Victoriano Gracia, Eduardo Rovira, Antonio Soler y Paco Susarte, quienes se fundieron en un estrecho abrazo en la misma puerta de entrada al hotel. Aunque habían mantenido alguna relación entre ellos nunca habían podido juntarse los cuatro. Era, por tanto, una gran ocasión que no desaprovecharon. 

Empieza llevando la voz cantante Paco Susarte, por los “galones” que le otorgan el haber sido el soldado de Tiradores del reemplazo más “puteado”, que traducido al castellano básico significa: arrestos para la cocina, limpieza de letrinas, corte de pelo al cero, imaginarias, guardias y un largo etcétera, así como la permanencia en primera línea (posición del Buyarifen) durante más de ocho meses. Todo, según le recuerdan los compañeros, por el “encontronazo” que durante los primeros días del Campamento tuvo con el capitán Quesada… No obstante, se aguantó todo: primero por las convicciones morales que uno se había llevado de su casa; después porque se tenía juventud que es tanto como decir fuerza e ilusión; y por último, porque éramos españoles, no sentíamos españoles y amábamos a España, patria que no debía ni podía quedar mancillada por la inadecuada conducta de determinados mandos.

Susarte (2º por la derecha) en el “comedor” del Buyarifen.
Susarte (2º por la derecha) en el “comedor” del Buyarifen.

A su lado, Eduardo Rovira, una “buena pieza” militar, que con Victoriano Gracia están riendo a mandíbula batiente la “travesura” que hicieron para ausentarse de Ifni con permiso militar, y que nos contarán ampliamente, pregunta si después de cincuenta años han sido capaces de resolver sus compañeros el problema que les planteó entonces, problema que hace extensivo a este cronista y a cuantos lectores de las páginas de AVILE y El Rincón de Sidi Ifni les pueda interesar. El problema era: 

En una habitación hay varios sacos llenos de monedas, pero desconocemos el número de sacos y la cantidad de monedas que contiene cada uno (igual pueden haber cinco sacos que cincuenta, y contener cien que mil monedas). Todas las monedas son de curso legal, excepto las de un saco que son falsas. Lo único que sabemos es que cada moneda legal pesa 5 gramos y cada falsa un gramo más. Haciendo una sola pesada, averiguar el saco que contiene las monedas falsas. Insisto: no sabemos el número de sacos, ni las monedas que contiene cada uno, y sólo se puede pesar una vez. 

Los Doctores. Gracia y Rovira ríen su “travesura militar”.
Los Doctores. Gracia y Rovira ríen su “travesura militar”.

Ahí queda el reto que nos lanza a todos y que el Dr. Rovira promete darnos la solución si no somos capaces de encontrarla por nuestros medios. 

Al alimón cuentan Eduardo Rovira y Victoriano Gracia su picaresca: Firmaron unas oposiciones para médicos de la Armada que se celebraban en Madrid, con el único propósito de ausentarse del Territorio y visitar a la familia, y sin coger un libro tuvieron la osadía de presentarse con el uniforme de gala de Tiradores y con el suspenso en el bolsillo volver tras casi cuarenta años de ausencia repartidos entre Valencia, Murcia y Las Palmas. El viaje en barco desde la ciudad de la luz a Sidi Ifni no fue demasiado placentero y –como les remata el otro soldado médico, Antonio Soler- el general Gotarrodona os hizo quedaros reenganchados cuando todos nos fuimos licenciados, para que devolvierais esos cuarenta días que le habías “robado” al ejercito.

El elitista Casino de Oficiales de Sidi-Ifni.
El elitista Casino de Oficiales de Sidi-Ifni.

Sale a colación un suceso que puede definirse entre grotesco y trágico, vivido por Eduardo Rovira y quien estas líneas escribe, que sin tener amistad o relación previa ni incluso pertenecer al mismo Cuerpo militar, nos hallábamos unidos por el legítimo deseo de comer bien, cuando la cartera lo permitía, tema en el que parece ser no sufrimos demasiado ninguno de los dos. Resulta que por distintos medios habíamos entrado en “relaciones clandestinas” con el cocinero del Casino de Oficiales, llamado Manolo (paisano levantino) que nos permitía entrar de tapadillo en la cocina, por la puerta trasera, y en un rincón disimulado, entre diversos cachivaches, sobre una pequeña mesa y sentados en rudimentarios taburetes nos servía unos deliciosos menús, muy abundantes, al precio de 23 pesetas, que sin duda se embolsaba en provecho propio. Pero un aciago día un oficial penetró en la cocina y nos vio allí a nosotros “simples soldados rasos”… ¡Aun recordamos sus gritos y la orden de que se nos expulsara de allí inmediatamente!... Y cuando se iba a ejecutar el castigo, aquel oficial se fijó que en la mesa había una botella de vino “Vega Sicilia”, cosecha de 1.952, con la que Eduardo regaba sus ágapes casineros (me parece que le cobraban 30 pesetas por ellas), y al preguntar si ese era el vino que habitualmente bebíamos allí, en la cocina del casino, y corroborarlo nosotros, dejó sin efecto la orden para la humillante expulsión, fundamentándola en que bebiendo tal vino, aunque soldados rasos éramos ¡gente con clase!, a los que se podía permitir la permanencia en aquella trastienda.

Victoriano y Eduardo, tras el reenganche de 40 días, vuelven a sus casas.
Victoriano y Eduardo, tras el reenganche de 40 días, vuelven a sus casas.

Varias horas de conversación pueden dar motivo a muchos folios de escritura, pero resulta imposible reflejar el grado de la emoción sentida por esos cuatro soldados médicos que físicamente no se habían visto desde hace la friolera de 49 años, y que ahora se ha materializado gracias a esa Asociación fundada por Adolfo Cano (AVILE) con vocación de reivindicar los derechos morales y materiales de los soldados de reemplazo del África Occidental Española, y que sirve de nexo para unir a los desperdigados sobrevivientes de aquella época. 

 

 

 

 

 

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