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Mis relaciones con Marruecos: Ifni Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Alejandro J. Domingo Gutiérrez   
sábado, 08 de febrero de 2014
Índice del Artículo
Mis relaciones con Marruecos: Ifni
Accidentado bautismo aéreo
Cómo era Sidi Ifni
El porqué estaba yo allí
Lo que vi camino de la 'Huerta Madame'
Cómo era la 'Huerta Madame' y la vida que se hacía en ella
De como se deterioró mi convivencia con los compañeros
De como pude morir o quedar malherido
Mis diversiones en Sidi Ifni
Extraña epidemia de fimosis en el destacamento
De cómo por unas horas me convierto en el Jefe del Tabor
De la guerra de Gila a la diarrea del enemigo
29 de Febrero. Agadir ¿Pesadilla o Realidad?
De como pudimos volvernos locos
¿Es la langosta un manjar delicioso?
Cirujano a la fuerza
¡¡Esto se acaba, ya no hay quien lo pare!!

29 de Febrero. Agadir ¿Pesadilla o Realidad?  

La Naturaleza, y no solo el hombre, se encargó también de proporcionarme nuevas experiencias durante mi estancia en el territorio.

No se me olvida la fecha del 29 de Febrero de aquel año 1960.. Aquella noche no hubo partida de cartas, pues dos de los jugadores estaban de permiso en la capital, y pude acostarme y dormir pronto. En medio del sueño sentí como si se moviera la habitación y yo con ella, mientras notaba en la cara la sensación de que caía sobre ella algo de tierra y paja, materiales de los que estaba fabricado el techo de la vivienda. Pasado el momento, y el pequeño susto de lo que creí fuera una pesadilla, seguí durmiendo y cuando me desperté a la mañana siguiente aun recordaba las sensaciones extrañas de aquel raro sueño.

Al poner la radio de transistores nos extrañó que, en vez de la habitual música de las emisoras marroquís que podíamos sintonizar, todo era hablar y hablar con una excitación como si les ocurriera algo. Y tanto que les ocurría pues pronto nos llegó la noticia a través de la radio militar que, justo a la hora de lo que yo creía que era un mal sueño, se había producido un terremoto de 8.9 grados en la escala de Ritcher con su epicentro en Agadir, apenas unos cuarenta kilómetros de donde nosotros nos encontrábamos y la sacudida también la habíamos sentido, aunque con menos magnitud, nosotros. Terremoto seguido por una gigantesca ola que penetró 300 metros en la ciudad, retrocediendo y regresando las aguas del mar hasta tres veces en quince minutos.

El terremoto, y el maremoto siguiente, asoló la ciudad y las cifras de muertos que se dieron entonces fue la de 12.00, de los cuales 300 eran españoles. Al conocer la noticia ya todos en la Huerta confesamos lo que habíamos sentido aquella noche, y la tierra en el suelo, y la techumbre hundida de un cobertizo que existía en el patio, nos confirmó que el terremoto también nos había afectado aunque menos al estar más lejos del epicentro y del mar. 

Avanzada la mañana recibí una orden del mando para que preparara un botiquín de campaña por si tuviera que salir hacia Agadir para prestar ayuda, orden que se fue retrasando mientras solicitaban la autorización del mando militar marroquí de la zona para cruzar la línea. Los que sí acudieron más rápidamente fueron las guarniciones y servicios sanitarios del sur de Marruecos y un avión con material y personal del Ejercito español que instaló un Puesto Quirúrgico Avanzado en la ciudad destruida, mientras yo esperaba la orden con el botiquín instalado en un Jeep. Cuando la orden llegó, ya era tarde y apenas pudimos entrar unos kilómetros en el territorio marroquí pues la única pista que podíamos utilizar estaba cortada y tuvimos que regresar a nuestra base no sin dejar de ver por el camino algunas casas derruidas, aunque no sabíamos si era por el efecto de la guerra anterior o del terremoto pues nos estábamos acercando al epicentro del mismo. En Nicaragua volví a sentir algún temblor, de los frecuentes en esa zona de Centroamérica, pero nunca fue la sensación igual, ni parecida a la de Ifni aquella madrugada del uno de marzo. 


 
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