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Relato corto. Ifni VI: ¡Entraré en Telata o en el cielo! Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Fernando Ojeda y Antonio Rodríguez   
sábado, 01 de septiembre de 2007

Fuente:  TeldeActualidad.com

Cincuenta y siete hombres con un destino

“Nada hay en el mundo más blando y suave que el agua, pero nada puede superarla en el combate contra lo duro y resistente, en esto nada puede sustituirla. El agua vence a lo más duro, lo débil vence a lo fuerte, no hay en el mundo quien desconozca esta razón, pero tampoco quien sea capaz de ponerla en práctica”. (del libro del Tao)

Junker
Junker, el avión más utilizado por las tropas españolas en las colonias africanas

Clareaba el día 28 de noviembre y allí estaba, a media ladera, rodeado de maleza espinosa, riscos, cactus y tuneras-chumberas…. ¿Tuneras-Chumberas?, ¡almacén de agua salvadora! La tarde anterior una angustiosa sed nos obligó a chupar el jugo de sus palas, una vez peladas a machete. Entre el corneta Antonio Román Triviño, Miguel Navajas López y yo acabamos con la más cercana a la posición de nuestra escuadra. Ahora el rocío de la madrugada hacía de misérrimo manantial…lamíamos los riscos para humedecer nuestros resecos labios.

Pero… ¿qué les cuento? si aún siquiera me he presentado. Soy… bueno que más da mi nombre, al fin y al cabo todos nos encontrábamos en el mismo trance. Baste decirles que soy uno de los supervivientes de la Tercera Sección de la Séptima Compañía; perteneciente a la Segunda Bandera Paracaidista “Roger de Lauria”.

Si les digo que todas estas vicisitudes comenzaron un 23 de noviembre de 1957 a las 17,35. Caerán en la cuenta que estábamos en el territorio de Ifni. Ya cuando emprendimos la marcha desde Sidi Ifni, “Radio Macuto” nos había adelantado el destino: Telata de Isbuía. Donde asediaban a su guarnición. La orden respondía más a un deseo particular del Gobernador Militar General Zamalloa que a una decisión táctica o estratégica propia de aquéllos momentos.

NO LLORES POR MI, ESPAÑA, ¡ME MANDAN A UNA MISION IMPOSIBLE! 

Pero volvamos al principio, el convoy lo forman dos desvencijados camiones, una renqueante ambulancia y un dodge-comando (denominado tres cuartos por el tonelaje de carga máxima admisible). La fuerza se compone de la sección paracaidista (3 grupos de combate que totalizan 37 hombres). Además agregados: dos enlaces de transmisiones con una radio Marconi de la 9ª compañía. Un capitán médico (José Freixas Otto) y un brigada practicante (Antonio Sánchez Manrique), ambos del Grupo de Tiradores de Ifni nº 1. Así como cuatro conductores de la sección de automovilismo del A.O.E. Una escuadra de ametralladoras Alfa de 7,92 mm. de la 10ª cía (6 hombres). Segunda escuadra de morteros Valero de 50 mm. de la 3 ªcía (5 hombres, entre ellos Isaías Carrasco Martín, al mando del cabo Pedro Flores Miguel). Cada uno de los tres pelotones lleva un FAO (fusil ametrallador OVIEDO). La munición por soldado: 6 cartuchos con 20 balas cada uno.

Al mando de esta pequeña columna, en la cabina del primer camión, se acomodó el Teniente de Infantería don Antonio Ortiz de Zárate y Sánchez de Movellán. Vi como saludaba desde el estribo a los jefes, gritando a manera de despedida: ¡en Telata o en el Cielo!. No cabían más posibilidades, como luego pude comprobar. Porque en la caja de ese mismo vehículo, junto a Ventura Sánchez, Ramón Aguirre Eguidúa, Manuel Rodríguez Matamoros, el Cabo Blas Galay Molina y el cabo 1º José Civera Comeche, viajaba el que ahora les ocupa.

El segundo camión transportó la única ametralladora con su escuadra servidora, y el resto de paracaidistas.

Al vehículo comando subió la escuadra con el mortero de 50 mm.

A los primeros baches quedamos apeñuscados. El hecho de que todos siguiéramos dentro de la caja del camión fue la consecuencia inmediata de asirnos a cualquier saliente de la misma. Al poco apareció en corto peregrinaje una botella de coñac, a la que siguió otra… Ya más animadillos comenzamos una canción cuartelera, que también tuvo continuación.

Al principio tuve miedo, sentí como los recuerdos de mis padres y hermanos me añusgaban, los tragos de coñac que se repartieron hicieron que ocupara mi mente con otras preocupaciones, además de aliviarme la tragadera.

Hicimos unos veinte kilómetros de camino, anochecía, habían pasado dos horas desde la salida. Paramos y después de una batida de reconocimiento del monte situado a la izquierda, vivaqueamos una vez seguros de no existir enemigos cerca.

Amanecer del 24 de noviembre. A las 7.30 a.m. ¡otra vez en marcha!. Cerca de las 9 a.m. las primeras piedras atravesando el camino. Mientras un pelotón se despliega en protección de flancos, los otros dos limpian la pista. A eso de las 10 de la mañana se avería el Dodge comando. A las 10.45 nuevo obstáculo. El teniente ordena pie a tierra y despliegue de las escuadras en combate, recibimos fuego intenso desde tres direcciones. A la vista de Telata el mecanismo de disparo de nuestro único mortero se avería a la octava granada que lanza.

El cabo 1º Antonio Oliva Hernández con la primera escuadra del primer pelotón ocupa una loma. El cabo Luis Badenes Gual (2ª edra/ I) mata a un moro a machetazos que se escondía detrás de una pared de piedras, ocupando con su escuadra un aduar próximo. Mientras que el Cabo Blas Galay Molina es herido en una pierna. Así y todo toma el mando del pelotón al morir su jefe el Cabo 1º José Civera Comeche (intentaba alcanzar la pared de piedra donde nosotros nos parapetábamos, más tarde comprobamos que además del tiro que le hizo caer, le apuñalaron en la cara, quitaron botas, subfusil, munición y granadas).

Nos sobrevuelan tres aviones bombarderos “Pedro” (B.2-I) que ametrallan las posiciones enemigas. Al retirarse la aviación, se reanuda el fuego enemigo. Es herido superficialmente en la espalda Juan Pérez Lorca, pues el correaje lo protegió. No tuvieron la misma suerte Ramón Aguirre Eguidúa y Manuel Rodríguez Matamoros, que juntos estaban y juntos mueren por fuego de ametralladora.

La madrugada del 26 de noviembre nos trae el ataque de una centena de moros. El Teniente Ortiz de Zárate cae muerto al instante de recibir una ráfaga en el pecho: fue la hora de su entrada en el cielo. ¡Pues era una buena persona! Al igual que Vicente Vila Plá que también muere, mientras que Isaías Carrasco es herido.

A las tres de la tarde nos abastecen junkers T-2, lanzan ocho paquetes y unas garrafa, esta última mediante un paracaídas. De todo esto sólo aprovechamos pan, chorizo y sardinas.

El 29 de noviembre a las 6,30 a.m. asalto con bajas enemigas. Nos sobrevuelan los junkers hacia Tiluín. Que lanzarían las secciones primera y segunda de nuestra compañía (setenta y cinco paracaidistas) sobre dicho fuerte, también asediado como Telata.

¡Por fin¡ !A las 14.00 del dos de diciembre asoman por un recodo del camino los Tiradores de la columna del tcol. Maraver. Librándonos de una muerte segura.

No puedo acabar sin antes dedicar un recuerdo emocionado a todos los compañeros que sobrevivimos a tan funesta misión…

Algunos fueron heridos: Vicente Llobet Ferrero, Cabo Peláez, Bienvenido Conesa Mayoral, José Cavada Vidal y Ramón Martínez Fuertes. Otros de los que también recuerdo sus nombres son: Jesús Mosquera García, Cabo 1º José González García, Cabo 1º José Jiménez Calderón, Rafael Guzmán Guzmán, Vicente Estrela Sevilla. Los no relacionados me perdonarán que después de tantos años mi memoria ya flaquee…

NOTA.- La Compañía de Infantería Española.

Una compañía de infantería se compone de tres secciones, cada una al mando de un teniente. A su vez la sección la forman tres pelotones o grupos de combate, cada uno al mando de un suboficial (sargento o cabo 1º). El pelotón lo constituyen dos escuadras de cuatro ó cinco hombres más un cabo (11 infantes).

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