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El testimonio de Maryam Aut Muhine, violada por la policía en Sidi Ifni Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Mustafá HIRANE   
viernes, 27 de marzo de 2009

Fuente: tlaxcala

AUTOR: Mustafá HIRANE . Traducido por Rocío Anguiano

La barbarie de la ofensiva militar del 7 de junio a través del testimonio de una victima 

Mustafá HIRANE
Mustapha Hirane es periodista del semanal marroqui Al Michaal (La Antorcha)

El siguiente testimonio es un desmentido irrefutable de las afirmaciones que juran, con la mano en el corazón, que el 7 de junio de 2008, la policía marroquí no violó a nadie en Sidi Ifni. Es de admirar el valor de Mustafá Hirane, el periodista que ha recogido este testimonio y que también fue víctima de la brutalidad policial por parte de las Fuerzas Auxiliares (1) cuando cubría una manifestación de titulados en paro ante el Parlamento de Rabat en mayo de 2007. 

Me preparaba para ir a Sidi Ifini una semana después de los sangrientos sucesos del 7 de junio. Allí, la gente estaba atrapada entre el mar, la montaña y el yugo del Majzén (2) e intentaba recuperar el aliento y comprender lo que había pasado para poder digerirlo. La misión que me había sido claramente asignada por el comité de redacción de nuestro semanario Al Michaal (La Antorcha), consistía en recoger testimonios de muchachas víctimas de atentados a su pudor. No era una tarea fácil. Es difícil convencer a chicas educadas en un medio tradicional para que hablen sobre las atrocidades sufridas a manos de los animales depredadores del aparato ejecutivo del nuevo Mazjén. Insistí en alentar a las victimas, en convencerlas para que lo soltaran todo, fuera cual fuera la atrocidad. Para que esto no se repitiera o, al menos, el Majzén y sus esbirros se lo pensaran dos veces antes de saquear de nuevo los espacios privados y la intimidad de la gente y de violar a mujeres.  

Algunas victimas aceptaron el reto. Debo decir con franqueza que estas mujeres son las dignas defensoras de la ciudadela del honor de las mujeres marroquíes, en una época en que las demás ciudadelas se hunden. El testimonio “grave” (en consonancia con “herida grave”) que van a leer es el de una joven baamraní (3) de Sidi Ifni. Su nombre: Maryam Aut Muhine (fotos). Se ofreció voluntaria entre un grupo de mujeres y jóvenes para informar a la opinión pública nacional de las atrocidades y bajezas del nuevo Majzén y sus esbirros. El testimonio de Maryam solo es el primero. Publicaremos otros proximamente. 

El oficial de policía: “Coged a esta chica de m. y llevadla a donde podáis meterla”.

 Salí la mañana del sábado 7 de junio a hacer la compra. Me crucé con un agente de policía que empezó a insultarme sin razón diciéndome: “Que te den, pedazo de p.” Respondí: “Cuida tu lenguaje” y empezó a insultarme de nuevo. En ese momento, se me acercó otro agente y me preguntó cuál era el problema entre su compañero y yo. Y cuando se lo expliqué, pensando que iba a solucionar el problema, aprovechó para cogerme y llevarme ante su jefe, un oficial. Este también me preguntó cuál era el problema. Le expliqué de nuevo lo que había pasado y le hablé de todos los insultos lanzados contra mí. Y le dijo al policía que me había llevado ante él: “Coged a esta chica de m. y llevadla a donde podáis meterla”.

Me llevaron cerca del colegio Mulay Abdalah, donde pude ver lo que hacían: habían tirado a un joven al suelo y le daban patadas por todas partes, sobre todo en la cara. Después me llegó el turno de recibir mi lote de golpes. Se pueden ver las marcas: estoy llena de cardenales e, incluso, no puedo sentarme. Al poco, llegó otro policía, con pasamontañas. Me cogió, me empujó contra la pared del colegio y empezó a pegarme en la parte baja de la espalda y cuando dejé de gritar porque ya no sentía mi cuerpo, que parecía un cadáver, comenzó a golpearme en la cabeza. Intenté protegerme el rostro de los golpes dados a ciegas, pero noté que se me rompía la nariz. Otros policías se unieron a la jauría, me sujetaron los brazos para que su compañero con pasamontañas pudiera golpearme a su antojo, bajo una incesante lluvia de insultos lanzados por todos ellos. “Que te jodan, puta, nos vamos a cepillar a tu madre” “¡Hija de maricona, hija de puta!"

Todo esto sucedió delante del colegio Mulay Abdalah. Después me llevaron a comisaría. Al bajar del furgón, fui golpeada, abofeteada, recibí puñetazos en la cabeza. Ya no podía mantenerme en pie. Me llevaron dentro de comisaría. Uno de ellos casi pisa mis gafas, que se me habían caído. Lo habría hecho si yo no le hubiera explicado que me eran indispensables y que había vendido una oveja por 500 dirhams (50 €) para pagarlas. Entonces las recogió y se las guardó en el bolsillo. Luego dos policías que creo que podría reconocer entre mil –uno de ellos se llama Badr y, según los jóvenes de la ciudad que lo conocen, después le dieron el traslado- me llevaron a una habitación y me obligaron a desnudarme. Me negué.

Ante esta negativa, empezaron a pegarme, rompiendo mi ropa. Todas las jóvenes detenidas en comisaría siguieron la misma suerte. Aquellas que lo nieguen mienten, por miedo a perder su honor, en una ciudad pequeña como Sidi Ifni. He visto cómo golpeaban a mujeres y hombres, que yo conocía, delante de sus maridos o sus mujeres. En el caso de otras mujeres, les rompieron la ropa en presencia de sus maridos. Con lo que me pasó, deseé volver a encontrarme cara a cara con un policía a solas y estoy segura de que le habría pegado. Pero desafortunadamente eran como buitres sobre un cadáver, que no lo dejan hasta que lo han limpiado a fondo.

“Metió un palo entre mis piernas mientras gritaba: “Vamos, muévete, hija de puta”

Después de que me desnudaran totalmente, uno de esos policías me metió un palo entre las piernas y empezó a besarme a la fuerza y cada vez que yo intentaba rechazarle, me pegaba en la cara o en la cabeza. Durante ese tiempo, los otros olfateaban los restos de mi ropa y me acariciaban las nalgas. Me dolía mucho, pero a pesar de eso, resistí. (…)

Otras chicas me han confesado que fueron victimas de violaciones colectivas dentro de comisaría.

Todos pasaron por turno a olisquearme y a besarme a la fuerza en los pechos. Mis gestos de rechazo provocaban cada vez nuevos insultos y golpes. Le dije a un policía que estaba besándome y abrazándome: “Aléjate de mí, por el amor de Dios”. En un momento dado, uno de los policías, que ya no soportaba lo que me estaban haciendo sufrir, me dijo: “Toma tu ropa y vístete. Perdóname”. Y me llevó a otra celda. Justo en el momento en que iba a entrar en la celda, empezó a insultarme y denigrarme: “¡Entra, puta, hija de maricona!” para que lo vieran bien sus superiores que acababan de entrar en la celda. Cogió la ropa y la tiró al otro extremo de la celda.

Yo no había visto nunca nada parecido, ni siquiera en el cine.

Había muchos jóvenes desnudos. Al lado de cada joven, había botellas vacías. Cuando salí de comisaría, pregunté la razón de la presencia de las botellas y me dijeron que les habían obligado a sentarse encima, pero no podían contarlo públicamente por vergüenza. La mayoría de esos jóvenes viven en el barrio de Colomina.

En estas circunstancias, los golpes caían sobre todos los cuerpos desnudos, sobre todas las partes del cuerpo, principalmente las nalgas y los órganos genitales y cuidado el que se resistiera. Fueron golpeados incluso con porras, patadas, en la cara, por todas partes, hasta que caían como un animal degollado.

Cuando le dije “No” en francés a uno de los policías que quería violarme, se volvió loco y me pegó como un histérico hasta que caí al suelo. Entonces me apodaron “No”. Decían: “Ven aquí, tu, la No”, evidentemente mientras me pegaban. En ese momento, vi que uno de sus superiores, que andaba como un pavo real nos miraba, a todos y todas desnudos como vinimos al mundo, con una sonrisa de desprecio. Un joven le dijo: “Por favor, pásame un teléfono para que llame a un caíd (4) en Agadir, que fue quien me envió aquí a trabajar, yo no he venido a manifestarme, podéis comprobarlo, mi coche está fuera y tiene matrícula de Agadir”. El oficial respondió: “Tenemos ordenes del rey para hacer lo que estamos haciendo y tu quieres hablar con el caíd… ¿O hay alguien por encima del rey en este país?”

Me acuerdo muy bien de la cara de este oficial y podría reconocerlo entre mil.

Al rato, un policía me llevó desnuda, me tiró al suelo, puso su pie sobre mi garganta y dijo: “Si te mueves, puta, mato a tu madre” (…) después me golpeó en las nalgas con la mano desnuda, luego con la porra, riéndose a carcajadas.

Todos los policías que nos trataron así trabajan en la comisaría de Sidi Ifni. Puedo reconocerlos porque me los cruzo todos los días, paseando por mi barrio de Colomina.

“¡Mira, puta, el largo miembro del Majzén!” (5)

 Me hicieron salir de la segunda celda, a continuación me pusieron una venda en los ojos y me llevaron de la mano al piso de arriba. Cuando llegué a no sé donde, me interrogaron sobre mi estado civil -nombre del padre, de la madre, etc.-, una ráfaga de preguntas. Me preguntaron, por ejemplo, sobre Al Wahdani (6) que yo no conocía –supe quien era después, leyendo los periódicos. Me preguntaron también si conocía a Si Barra (7). Dije que no lo conocía. Me preguntaron si formaba parte de alguna asociación, respondí que no. Me preguntaron sobre mis opiniones, si estaba satisfecha con la situación actual en Sidi Ifni. Respondí sinceramente. Si hubiera pertenecido a una asociación, se lo habría dicho para que me dejaran en paz.

Cuando el interrogatorio acabó –durante el cual, y de forma excepcional, no me golpearon- alguien me cogió por la muñeca y me hizo salir. Seguía sin ver nada. Al bajar la escalera, oí una voz, por encima de mí, que me dijo: “Quítate la venda”. Reconocí la voz del oficial con andares de pavo real.

Me quité la venda y me agarré a la muñeca del policía, por reflejo del miedo. Entonces el oficial hizo este comentario: “Suelta al chico o ¿es que ha surgido electricidad entre vosotros?” Y estalló en una risa histérica junto con sus colegas. En ese momento, el policía que me había arrancado la ropa interior la primera vez me dijo: “Vamos, vístete y lárgate a tu casa, pedazo de puta”.

Oí insultos que no había oído nunca. Lo que me pasó no me había pasado nunca en la vida. (…)

Al salir, le pedí al policía que me insultaba que me devolviera las gafas. Me respondió: “Dónde están, hija de puta”, y me empujó violentamente fuera de comisaría. Una vez fuera, me encontré frente a una jauría de policías que gritaron a coro: “¡Eh, puta!” “¡Eh, puta!” y fue entonces cuando uno de ellos me agarró por el hombro y me sacudió diciéndome: “¿Has visto, pedazo de puta? Lo larga que es la picha del Majzén ¿eh?”

Notas de las traductoras:

(1) Fuerzas Auxiliares: órgano encargado de hacer cumplir la ley, que tiene ciertas competencias en materia de orden público.

(2) Majzén: Término que se utiliza para referirse a la élite dirigente del país, agrupada alrededor del rey, formada por miembros de su familia y allegados, terratenientes, empresarios, líderes tribales, altos mandos militares y otras personas influyentes que constituyen el poder fáctico.

(3) Baamraní: miembro de una tribu berebere de la región de Sidi Ifni.

(4) Caíd: Especie de juez o gobernador en los territorios del Norte de África. Los caídes contaban con gran respeto entre la población, pues eran los encargados de mantener el orden e impartir justicia.

(5) Zob el makhzen touil y Yedd el makhzen touila (el largo brazo del Majzén) son expresiones que se oyen con frecuencia en Marruecos. Aquí hay un juego de palabras con zob, que procede del árabe زب (zub), y significa “miembro viril” habiendo pasado al argot francés como una de las múltiples denominaciones vulgares del pene.

(6) Mohamed Al Wahdani: Detenido político tras el sábado negro del 7 de junio.

(7) Brahim Barra: Responsable de ATTAC en Sidi Infini, detenido tras el sábado negro.

(8) En una entrevista posterior en Al Yazira, Maryam precisó que finalmente le habían devuelto las gafas.

 


Fuente: Al Michaal (La Antorcha)

Artículo original publicado en junio de 2008

Sobre el autor

Rocío Anguiano es miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a las traductoras y la fuente.  

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martin  - injusticia   |10-02-2010 14:46:21
conosco marruecos pero es la primera vez que he leido la tragedia de esta chica y las vejaciones y insultos que a sufrido espero que los que an cometido estas violacion no queden al margen de la lei y la justicia espero que cada uno de ellos caiga la justicia
ESPAÑOL  - VERGUENZA   |08-05-2009 11:17:06
HE VIVIDO EN SIDI IFNI DE PEQUEÑO, Y AMO A ESA TIERRA COMO SI FUERA MIA.
SIENTO VERGUENZA Y DOLOR POR LO OCURRIDO A ESTA CHICA.
CUIDATE Y QUE TENGAS SUERTE MARYAM. Y QUE CAIGA EL PESO DE LA JUSTICIA SOBRE LOS COBARDES QUE TE TRATARON ASÍ.

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