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Viriato, el paracaidista de Alcuéscar Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por María Fernández   
lunes, 14 de diciembre de 2015

Fuente: HOY.es

El extremeño formó parte del segundo curso que organizó el Ejército
Eusebio Marceñido Flores, que tiene una medalla de guerra y fue disparado en Ifni, vive ahora a caballo entre las provincias cacereña y madrileña

A Eusebio Marceñido Flores (Alcuéscar, 1931) todo el mundo le llama Viriato, como el líder de los lusitanos que hizo frente a la expansión de Roma en Hispania y del que muchos dicen que tiene sus raíces en Extremadura, en municipios como Tornavacas o Guijo de Santa Bárbara. Así presentaron a Eusebio cuando estaba en el servicio militar obligatorio ante un entonces Príncipe de España llamado Juan Carlos. Se había ganado el mote al ser un paracaidista militar al que nunca capturaban en los ejercicios de guerrillas. Aquel día, el que conoció al que fue Rey de España durante casi 39 años, llegó tras un día entero 'perdido' por la provincia de Cuenca. Cuando acabó el ejercicio, llegó hasta el cuartel. Allí, un joven don Juan Carlos le preguntó: «¿Eres Viriato? Pues siéntate aquí junto a mí y cuéntame cómo has conseguido escapar», le dijo.

Viriato, el paracaidista de Alcuéscar (Foto: Lorenzo Cordero)
Viriato, el paracaidista de Alcuéscar
(Foto: Lorenzo Cordero)

Verse como «un joven sin porvenir» en su municipio de origen le impulsó a buscar una vida diferente y no lo pensó dos veces. La 'mili' fue un motivo para marcharse de Extremadura, una tierra de la que siempre presume, y la creación de la Escuela Militar de Paracaidismo a finales de los años cuarenta surgió entonces como una gran oportunidad dirigida a jóvenes como él. Para Viriato, se convirtió en un sueño y en un reto. «Había dudas entre la gente, pero yo elegí entre todo o nada. Y pensé: si me mato, me mato», cuenta. «Y entonces, me puse a estudiar como un loco para conseguirlo», remata.

Marchó a Barcelona para hacer la 'mili', trasladado desde Badajoz, y después se instaló en Alcalá de Henares, en la Brigada Paracaidista. «Siempre llevaba un libro o una libreta encima. Estudiaba hasta quedarme dormido y de hecho, en una ocasión así me quedé en el botiquín», relata. El esfuerzo no fue en vano, ya que se tradujo en diferentes ascensos en el rango militar hasta que se convirtió en teniente. La suya ha sido una vida intensa, llena de anécdotas y de adaptación a lo nuevo. Su experiencia está repleta de nombres, como el instructor don Tomás, que le ayudó con las clases.

Formó parte del segundo curso de paracaidismo de la brigada. El primer avión del que saltó fue un modelo Junker de Alemania. «Me he lanzado en partes de medio mundo y he perdido el conocimiento muchas veces también», cuenta con una sonrisa. Los saltos formaban parte del ejercicio militar, pero también se hacían exhibiciones para captar más soldados para la brigada. Este tipo de prácticas le preparaban para una posible guerra y sus adversidades.

Viriato, conociendo al entonces príncipe Juan carlos después de un ejercicio de práctica en vuelo.
Viriato, conociendo al entonces príncipe Juan carlos después de un ejercicio de práctica en vuelo.

Campaña de Ifni

Y llegó el momento más complicado con la campaña en Ifni, un territorio del suroeste de Marruecos que fue provincia española hasta 1969. La batalla había enfrentado a fuerzas españolas con marroquíes, que pretendían controlar el territorio de Ifni y el Sáhara español. En dicha campaña le dispararon y allí se ganó por derecho una Medalla de Guerra. «Me dio de rebote una bala, me acertó en el labio superior y perdí varios dientes», cuenta, señalando la señal que aún marca su boca. «En ese momento pensé: que le den por saco, pero aún quedaba mucho por delante, ya que estuve allí cinco o seis meses. Éramos un grupo de militares por aquellos desconocidos montes sin comer apenas». Allí también perdió a compañeros, lo que recuerda con evidente nostalgia. Ha saltado en multitud de lugares y cuando uno le pregunta, los sitios se agolpan en su mente: Pau, en Francia; la Casa de Campo, en Madrid; en Las Palmas... Y también se agolpan las anécdotas. «En Pau nos lanzamos de noche y caímos en unos álamos tremendos, en la Casa de Campo el capitán Arroyo se quedó en un árbol y tuvieron que venir los bomberos a bajarle; y en Las Palmas saltábamos sobre unas dunas», cuenta. «Una vez perdí el conocimiento en un alambre y hasta las dos horas no me recuperé. Esto ocurrió en un salto en Valdetorres del Jarama», relata Viriato.

El militar extremeño, a la dercha, tras el desembarco en ifni.
El militar extremeño, a la dercha, tras el desembarco en ifni.

También vivió este alcuesqueño la sensación de disparar a otra persona. «La verdad es que fue un accidente, pero el caso es que llegué a disparar a un chaval en la mano. Me procesaron, pero gracias al general Carrasco, que me tenía como a su propio hijo, me quitaron el peso de la causa», narra Eusebio.

Viriato llegó a tener a su cargo el transporte aéreo, por lo que antes de cada salto, además, tenía que solicitar y preparar los aviones, disponer del armamento necesario, conocer la previsión meteorológica y dirigir el lanzamiento, entre otras funciones. «Lo más importante en el salto es estabilizarse», dice. Asimismo, también dirigió una compañía en el CIR de Colmenar el Viejo. «Procedía de paracaidismo y llegué a mandar en una compañía», cuenta.

Se casó en Iznalloz, un municipio granadino situado en la parte central de la comarca de Los Montes, con Encarnación Ferrón Rodríguez. «Las 'madrinas de guerra' enviaban cartas para animarnos, y ella se convirtió en todo para mí», asegura. Tiene dos hijos, ambos ingenieros técnicos: María del Vall, que vive en Sevilla, y Luis Marcelino, que reside en Madrid. Enviudó y ahora vive a caballo entre la provincia cacereña y la madrileña con su mujer, Inés. Es chilena, llegó hace seis años a España y hace dos contrajo matrimonio con Eusebio Marceñido.

La pareja viaja habitualmente a visitar a sus hijos, a pasear por su finca de Las Herrerías, a su vivienda de Boadilla del Monte... No paran quietos e incluso él sigue conduciendo. Hace unos años coincidió en Guijo de Santa Bárbara con el escritor y político José Antonio Labordeta, que entonces grababa uno de los capítulos de 'Un país en la mochila', que se emitieron en televisión. Ambos hablaron de Viriato, el guerrero lusitano, y de las dudas de su origen, que algunos datan en la provincia cacereña y otros en zonas portuguesas.

«Salí de la Academia de Paracaidismo con 33 años. Cuando fui teniente, lo dejé. Entrar fue lo más maravilloso que me ha pasado», resume Viriato, el paracaidista de Alcuéscar.

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