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Adolfo Cano, excombatiente de Ifni, contará en San Vicente las claves de esta guerra olvidada Imprimir E-Mail
Noticias - Ifni en la prensa digital
Escrito por Costa Comunicaciones   
sábado, 07 de mayo de 2016

Fuente: Costa Comunicaciones

Adolfo Cano, excombatiente de Ifni (1957-58) aportará su testimonio sobre la última guerra de España.

Adolfo Cano, excombatiente de Ifni (1957-58) aportará su testimonio sobre la última guerra de España. Este vecino de El Campello presentará una exposición fotográfica en la Sala de Exposiciones de la Calle Cervantes de San Vicente del Raspeig sobre este conflicto que estará abierta al público del 6 al 26 de mayo y ofrecerá una conferencia el día 14 en la misma sala, a las 19:00 la cual estará presentada por Emilio Simarro, caballero Paracaidista en el Sahara (1962).

Adolfo Cano siempre ha defendido que este conflicto se podía haber evitado o al menos mitigado y no haberse cobrado 250 muertos, 40 prisioneros recuperados, 38 muertos cuyos cuerpos no se recuperaron, y más de 500 heridos y muchos que salieron de aquel infierno con secuelas que somatizaron muriendo prematuramente.

Adolfo Cano.
Adolfo Cano.

Adolfo Cano siempre ha defendido que este conflicto se podía haber evitado o al menos mitigado y no haberse cobrado 250 muertos, 40 prisioneros recuperados, 38 muertos cuyos cuerpos no se recuperaron, y más de 500 heridos y muchos que salieron de aquel infierno con secuelas que somatizaron muriendo prematuramente.

Adolfo, Cuéntanos como fueron esos primeros momentos en los que te trasladas de tu Valencia Natal a Ifni.

Adolfo Cano:  Me tocó cumplir el servicio militar obligatorio(SMO) en Ifni y allí fui con una maleta de madera (la maleta de madera era  en la época la maleta del SMO) como único equipaje. Yo tenía 20 años y no sabía ni ubicar ese lugar en el mapa. Nos  montaron en un tren en Valencia que partió a Cadiz, de allí cogimos un barco hacia las Palmas en un travesía que no fue precisamente un viaje de placer. Embarcamos en un carguero y tuvimos unas condiciones de la mar horribles que produjeron que el barco tuviera un problema y no pudiera continuar la travesía. Un barco militar tuvo que venir a rescatarnos y en alta mar tuvimos que pasar de un barco a otro trepando por redes de asalto con nuestras maletas de madera casi entre los dientes, fue una auténtica odisea.  

Una vez a bordo del barco militar nos hacinaron en su bodega donde a causa movimiento del barco los soldados se devolvían unos encima de los otros y cuando desembarcamos nos baldearon a todos. Tras hacer escala en la isla de Hierro y Las Palmas nos dirigimos a Sidi Ifni. Al llegar a su costa permanecimos cuatro días a 300 metros de tierra porque no se podía desembarcar debido a la mala mar. Una vez se calmaron algo las aguas tuvimos que pasar con redes de asalto a un anfibio del año de matusalén y para llegar a la playa tuvimos que salir con el agua por las rodillas y, por supuesto, cargados con la maleta de madera.

E.R.: ¿Cómo te sentías en esos primeros momentos de tranqulidad y cómo cambió tu percepción cuando estalló el conflicto ?

A.C.: En esos primeros momentos, antes del conflicto, por mi corta  edad, vivía todo aquello como una gran aventura. Pero cuando llegó el momento de que tenía que matar a alguien porque si no te mataban a ti me cambio la visión de todo. Dentro del conflicto uno no tiene el pensamiento de estar defendiendo la patria, es más bien una cuestión de supervivencia. Nos habían amaestrado como perros famélicos durante el servicio militar. Uno no era nadie, llegaba un oficial y te daba dos guantazos y tenías que tragar. Al individuo lo doblegaban y no eras más que un número con nombre.

Podríamos decir que nuestro servicio militar fue en dos fases. Nada más llegar (el 20 marzo de 1957) había tranquilidad y todo era diferente, el habla, la música, los olores, nos juntábamos con los nativos. Todos  disfrutábamos con ellos del té con hierbabuena. Pero cuando llega el follón el 23 de noviembre de 1957 a partir de ahí ya todo se disgrega amigos que estaban en tu compañía los mandan a prestar servicio en otros puntos.

La hora del rancho.
La hora del rancho.

E.R.: ¿Dónde estabas destinado?

A.C.: La Hisitoria suele confundir la Guerra de Ifni con la Guerra de Sidi Ifni. Hazte una idea de que Ifni es España y Sidi Ifni es Alicante y nosotros estábamos en Sidi Ifini. Ifni con 1.600 kilómetros cuadrados estaba gestionado por acuartelamientos militares dispersados por todo el territorio en los que podría haber del orden de 12 soldados el más pequeño y 140 el más grande. Yo pertenecía al Grupo de Tiradores de Ifni, junto al cual habían una Bandera de la Legión y la Policía Militar, algo de sanidad y transmisiones. La guarnición total para defender el territorio era de uno 2200. Los moros sobre 6000 con armamento más moderno.

E.R.: ¿Cómo viviste el comienzo de la guerra?

A.C.: Aunque habían rumores de que de un momento a otro iba a estallar el conflicto el principio de la guerra, los moros tenían un día “D” y una hora “H”. A mi me podían haber cortado el cuello de no haber habido un chivatazo gracias al cual pudimos reaccionar antes del ataque.

Antes se vivían episodios como el ocurrido en agosto de 1957 cuando hubo un atentado en la playa en la zona donde nos abastecíamos por mar de combustible. Incendiaron 100.000 litros de gasolina. Yo estaba haciendo guardia por la zona,  la seguridad de la playa le correspondía a la policía, y presencie todo el espectáculo. Cuando no, mataban a un capitán o soldados nativos, o izaban la bandera marroquí en la capital. 

E. R.: ¿Tuviste alguna herida de guerra?

La onda expansiva de un mortero me tiró al suelo y caí sobre una piedra que terminaba en punta que me produjo un gran derrame y rotura fibrilar en el muslo derecho. Eso me dolió físicamente, pero ese mismo mortero le abrió el vientre a un amigo de la compañía y sus gritos de muerte aún los puedo escuchar. La imagen fue dantesca, al final lo metieron en un camión porque no había ambulancia. Reanudamos la marcha y pude continuar cojeando mientras tenía caliente el  muslo  pero al atardecer la columna realizó una hora de descanso, porque estábamos cinco días andando. Yo tuve la mala idea de tumbarme y cuando se reanudó la marcha yo no podía andar. Y entonces es ahí cuando uno se da cuenta que el organismos tiene unos mecanismos de defensa, la adrenalina y las endorfinas que llegan a ser más potente que la morfina. Cuando vi que la columna se iba y que el enemigo estaba muy cerca, acechando, con el mosquetón como muleta continué la marcha y ayudados por unos y por otros, cuando llegamos a Sidi Ifni y pasamos de la primera linea de guerra a nuestra zona encontré una vaguada me acomodé y me tapé con una lona de una tienda de campaña, como llovió, dormí con las posaderas a remojo, pero ni un resfriado. Ese no fue para mi el final de la “Operación Netol” Dos aspirinas y un palo como muleta y a primera linea.

E.R.: ¿Cómo era la comunicación con tu familia?

A.C.: Mi única comunicación con mi familia era por carta. Mi padre era de Denia y mi madre de un pueblo de la provincia de Cuenca. Tuve la desgracia de que mi padre murió de un Ictus a los 56 años, una triste noticia de la que yo me enteré tras regresar de la “Operación Netol” en estado de shock por haber presenciado muertos que por el rigor mortis teníamos que romperles los huesos con el mosquetón para meterlos en el camión, ver soldados con vientres abiertos y otros horrores.No tuve permiso por el fallecimiento de mi padre.

E.R: ¿En qué consistió la “Operación Netol”?

 A.C.: La “Operación Netol”, tuvo lugar  el 1 de diciembre de 1957, que tenía como objeto la liberación de los puestos Mesti, Telata, Tiliuin y la sección del Teniente Ortiz de Zarate. Para la operación se organizó una fuerza compuesta por varias unidades. La I Bandera Paracaidista, la VI Bandera de la Legión, el IV Tabor de Regulares, 2 compañías del Regimiento Soria 9, una sección de zapadores del Regimiento nº6 y destacamentos de automovilismo, sanidad, transmisiones y apoyo aéreo.En total unos 1200 soldados.

Cuando recuperamos con mucho esfuerzo el puesto de Telata por orden del General Zamalloa que era un Laureado de San Fernando de la División Azul que había sustituido en aquellos meses al General Santallana, mando el dia 24 de noviembre una sección de paracaidista fuesen a Telata a socorrer a los que estuviesen asediados allí. Pero en “radio macuto” se decía que había sido el Teniente Ortiz de Zarate. Dicen que fue él quien dio el paso al frente mandando allí a un grupo de 50 personas con un mortero que no funcionaba, una radio que tampoco funcionaba. Íbamos con alpargatas por un terreno pedregoso, las alpargatas duraron un día y medio. Yo me encontré un turbante de un moro y me lo anudé en el pie y así íbamos. Como provisiones nos dieron una lata de sardinas y una de carne.  El armamento que llevábamos eran los mosquetones Mauser  de la Guerra Civil que limpiábamosel cerrojo con polvo de platos machacados. Con ese polvo y un trapo se pulían, pero de tanto limpiarlos el percutor no llegaba al pistón y cuando disparabas no salía siempre  la bala.

Francia, en el mes de octubre,nos había ofrecido 12 aviones T6,( España los rechazo) que eran aviones de la época, mientras que nosotros usábamos el modelo Junker de la Guerra Civil. Muchos de los muertos fueron por accidentes aéreos. Por poner un último ejemplo,  en lugar de tirar bombas desde el avión tiraban bidones de gasolina a mano con un artilugio que un Teniente mañoso había inventado para que detonara.

E.R.: ¿Qué cosas que hiciste durante esa contienda te sorprenden hoy en día cuando las recuerdas?

A.C.: En la vorágine de la guerra uno se embrutece de tal forma que yo, que no soy capaz de matar ni a una mosca, a veces no puedo creer las cosas que sucedieron en ese conflicto. Estando en una columna de rescate sufrimos el ataque del fuego enemigo, una vez finalizado, la compañía de vanguardia y de retaguardia tenían que limpiar la zona. Uno de los enemigos se había refugiado en una cueva y teníamos que eliminarlo para que no pudiera atacarnos desde allí como francotirador. Entonces recuerdo que un pelotón de mi compañía conseguimos por la parte lateral llegar a la zona donde estaba la cueva y tiramos dentro cinco o seis granadas de mano. Después de las explosiones entramos a la cueva y su cuerpo estaba totalmente troceado. Vimos un macuto en el que había un pan grande, que con el hambre que teníamos por estar cuatro días sin comer, devoramos  a pesar de estar totalmente cubierto de sangre y polvo. 

E.R.: ¿Cómo fue la vuelta a casa?

A.C.: La Guerra terminó oficialmente el 30 de junio de 1958. En el mes de julio nos dieron la noticia de que el conflicto había finalizado. Estábamos en la montaña y llegaron unos con unos fumigadores y nos embadurnaron de un polvo blanco de arriba a bajo. Nos llevaron a las duchas y después nos dieron ropa que no era la tuya eso sí volvimos a casa con la misma maleta de madera.  En el barco cuando iba viendo que Ifni se iba haciendo cada vez más pequeño pensaba en mi madrina de guerra, una chica tetraplégica de Málaga que se llamaba Mercedes que se había presentado voluntariamente para intercambiar cartas con los soldados. Entre los dos hubo una relación epistolar que significó mucho para mi. Aunque yo tenía novia, el escribirle significaba para mi un gran desahogo pues no le daba la misma visión de la guerra que a mi familia. Una vez, en la cubierta del barco pensaba que, de alguna manera, la había hecho daño por introducirla en una vida que no le pertenecía. Era una relación no amorosa, platónica tal vez, que me marcó mucho. A medida que la ciudad de Ifni se iba haciendo más pequeña, yo iba rompiendo las cartas de Mercedes y tirándolas al mar.

E.R.: Los excombatientes de la Guerra de Ifni reivindicáis unas indemnizaciones que os corresponden y que nunca llegaron.

A.C.: Sí, la historia ha ocultado este conflicto por aquello de no molestar a Marruecos, tanto es así que en el gobierno de Zapatero estando de ministra de exteriores Trinidad Giménez, se donó a Marruecos 100 millones de Euros.  Se había otorgado la Laureada de San Fernando que es la mayor condecoración militar a un regimiento de caballería que se había distinguido en el desastre de Annual de 1921 durante la Guerra del Rif  por lo que Marruecos pidió una indemnización por el uso del gas Mostaza en dicha guerra. Con esto quiero decir que España no quiere volver a tocar el tema pero los que estuvimos en Ifni del 57 al 59 gracias a Ciu, unido al Partido Popular y al Grupo Mixto con la oposición de PSOE se aprobó en la Ley de Carrera Militar, la 39/2007, en el apartado último noveno se aprobó que aquellos que estuvieron en la campaña les correspondía un reconocimiento nominal. Esta ley se aprobó con una dotación presupuestaria de un millón de euros aumentando esta cantidad en presupuestos posteriores. Esto salió en el BOE el 1 de enero de 2008. Pero esas indemnizaciones nunca se pagaron, yo llevo 12 años reclamándolas y habré escrito unas 40 cartas tanto al Rey,como a  los distintos ministros Carmen Chacón primero y luego Pedro Morenés.

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