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De Palencia a las arenas del Sáhara Imprimir E-Mail
Noticias - Ifni en la prensa digital
Escrito por Antonio Herrero Andreu   
lunes, 04 de diciembre de 2017

Fuente: El Faro de Ceuta

La Guerra de Ifni-Sáhara 1957-58. El autor del artículo relata la situación que vivieron muchos soldados que no eran de combate para reforzar a las tropas españolas

A raíz de los ataques de noviembre de 1957 a los territorios de Ifni y Sahara, las guarniciones de dichos territorios se vieron en principio impotentes para frenar los ataques de las Bandas Rebeldes a los puestos del interior, concretamente en el Sahara dichas Bandas Rebeldes llegaron hasta las afueras de la población de El Aaiún, donde los ataques eran principalmente por la noche.

Las primeras unidades que llegaron al Sahara fueron el Batallón de Infantería “Extremadura 15” desde Algeciras y el Batallón "Castilla 16" de Badajoz, ambos de infantería y también grupos de sanidad, Intendencia, Ingenieros, Sanidad Automovilismo y de Infantería de Marina, todos ellos para reforzar a las guarniciones del Sahara donde se hallaba la XIII Bandera de la Legión que posteriormente llegarían otras Banderas Legionarias, la IV Bandera y IX de la Legión.

 Pablo Treceño Campillo era cabo conductor. (Foto cedida)
Pablo Treceño Campillo era cabo conductor. (Foto cedida)

De la gravedad con que se enfrentaban las tropas españolas lo detalla con claridad que el 30 de noviembre de 1957 cuando un convoy de la XIII Bandera de la Legión regresaba de Cabeza de Playa de Aaiún con víveres desembarcados en dicha playa, fueron atacados por un numeroso grupo de Rebeldes, entablándose un duro combate cuyo resultado fue herido grave el capitán Venerando Pérez Guerra fallecido posteriormente en el Hospital de Las Palmas y muerto el legionario German Taboada y heridos el teniente Manuel Huertas Suarez de Vega y el legionario Manuel García Alcázar y otros ocho legionarios heridos. El enemigo dejó nueve cadáveres y abundante armamento y munición.

 “Lo triste es que aquel capitán y teniente ignoraron el artículo 16 de las Reales Ordenanzas de las FAS”

A partir del 30 de noviembre de 1957 se reanudaron los ataques a El Aaiún, lo mismo con fuego de ametralladoras y morteros y también con armas cortas, pero rechazados con energía por las tropas españolas sin apenas sufrir bajas.

Ante los insistentes ataques en El Aaiún hubo que recuperar a unidades que no eran de combate, como por ejemplo a soldados de Automóviles, Intendencia y Sanidad entre otros, con armamento obsoleto como los “Mausers”, que no era el armamento adecuado para hacer frente al enemigo, ya que este utilizaba moderno armamento americano y francés, pero aquellos jóvenes soldados de reemplazo en todo momento dejaron bien puesto el honor de las armas.

Del regimiento de la Reserva de Automóviles al Sahara

Pablo Treceño Campillo era cabo conductor de dicho regimiento y en los últimos meses de 1957 en el acuartelamiento de dicho regimiento se formó una expedición de soldados conductores al mando de un oficial, saliendo por ferrocarril para embarcar por vía marítima con destino a Santa Cruz de Tenerife. Posteriormente, días después embarcaban de nuevo desde Tenerife con un viaje movido y ajetreado y lleno de incomodidades para desembarcar en Playa de Aaiún. Una vez en El Aaiún, el cabo Pablo Treceño Campillo le tocó vivir los momentos más amargos de su vida y fue el 13 de enero de 1958 en el trágico combate de Edchera, donde tan heroicamente se comportó la XIII Bandera de la Legión y con tantas bajas que ocurrió.

“Por la noche teníamos que hacer rondas de vigilancia debido a los ataques de los guerrilleros”

Recuerda Pablo que “cerca del mediodía sonó la alarma y tocaron “generala” reuniéndonos formados a todo el personal, telefonistas, escribientes, y nosotros del Grupo de Automovilismo. Nos dotaron de los fusiles ‘Mauser’, los cuales no estaban en muy buen estado, munición al completo y varias cajas con cartuchos y subimos a los camiones para reforzar a los legionarios de Edchera, en el interior de los camiones y transcurrido un buen rato nos bajaron de los camiones ya que no hacía falta acudir a Edchera.”

“El drama que nos tocó vivir dicho día jamás se me borrará de la mente. Tan duro fue ese momento que hasta derramamos algunas lágrimas cuando nos trasladamos al hospital para ayudar a bajar de los camiones a los más de 40 muertos y cerca de 90 heridos, algunos de los cadáveres horriblemente mutilados y desfigurados, y nos dejaron allí para ayudar a los médicos y enfermeros para lo que nos ordenaban que hiciéramos.”

“Por la noche teníamos que hacer rondas de vigilancia debido a los constantes ataques de los guerrilleros, y una noche que me encontraba de ronda con varios soldados, era una noche muy oscura y apenas se veía a unos metros de distancia, a lo lejos vimos un bulto que se movía. Por tres veces consecutivas le di el ‘alto’, y como quiera que no obedecía disparé y al instante oímos unos quejidos y era una mora que estaba mermada de sus facultades mentales y por las noches solía escaparse de su ‘jaima’. Inmediatamente vino un Jeep de la Policía Territorial y se la llevó.”

“Lo curioso que sucedió es que fui evacuado al Hospital Militar de Las Palmas en un avión ‘Junker’ del Ejército del Aire, donde íbamos soldados y algunos paisanos, comprobando que junto a mi iba una mujer mora que resultó ser la que yo había herido.”

Amargo regreso

Pablo relata como “en junio de 1958 los componentes del Grupo de Automóviles regresamos a Madrid vía Las Palmas y finalmente Cádiz, y el 10 de Julio de 1958 llegamos a Madrid, día de nuestro patrón ‘San Cristóbal’, un día triste al presentarnos al oficial de guardia y al capitán de cuartel para explicarles que llevábamos dos días sin comer y no hicieron caso. Intentamos salir del cuartel pero con sandalias no nos dejaban. Tuvimos que pagar a unos compañeros 25 pesetas para poder salir a un bar y comer unos bocadillos.”

“Una vez licenciado llegué a mi pueblo Congosto de Valdavia (Palencia) y caí enfermo y el médico que me atendió contactó con el regimiento y expuso que tenía que guardar mínimo un mes de reposo debido a la anemia que sufría y una vez licenciado pasé a la vida civil como conductor de camiones dejando atrás los meses de sufrimiento.”

“Lo triste es que aquel capitán y teniente ignoraron el artículo 16 de las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas.”

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