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Primer salto en guerra de los Paracaidistas españoles Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Juan Carlos Caraballo
Escrito por Juan Carlos Caraballo   
domingo, 29 de marzo de 2020

Fuente: El Rincón Sapiente

Tras el ataque general del África Occidental Española (A.O.E.), el 23 de noviembre de 1957, los destacamentos avanzados españoles quedaron asediados y en serios apuros. El destacamento de Tiliuin estaba en la frontera Sur con Marruecos, a unos 60 Km de Sidi Ifni, y estaba muy cerca de Gulimín, donde el Yeicht Taharir (Ejército de Liberación Marroquí) tenía su cuartel general. La fuerza, en el momento del ataque, era una sección de Tiradores de Ifni a las órdenes del Tte. José Alvar Espronceda y otra sección del grupo de Policía de Ifni, a las órdenes del Tte. Juan Pradillo Lozano, que era el jefe del destacamento, y cinco civiles (dos mujeres y tres hombres), siendo el total de las tropas unos 60 hombres.

Fachada principal del destacamento fronterizo de Tiliuin (Ifni)
Fachada principal del destacamento fronterizo de Tiliuin (Ifni)

Los atacantes consiguieron en algunos momentos penetrar en el recinto del fuerte, aunque fueron implacablemente rechazados una y otra vez por nuestro ejército. Tras cinco largos días cercados tenían siete heridos y una situación insostenible.

Tres días después del ataque general, el 25 de noviembre, es redactada la Orden de Operaciones P-1, por el Gobierno Español, con el objetivo de liberar los destacamentos avanzados que estaban asediados por el Yeicht Taharir. Esta orden es ampliada a las 22:00 horas del día 28, por la Orden de Operaciones P-2, también llamada «Operación Pañuelo» (por el pequeño espacio de terreno en el que debía desarrollarse la misión) con el propósito de reforzar la guarnición de Tiliuin por vía aérea, para asegurar la defensa del puesto, efectuando un desembarco aéreo simultáneo de paracaidistas, protegiendo dicho desembarco con acciones aéreas de ametrallamiento y bombardeo sobre objetivos cercanos a la zona de caída (D/Z). Realizada esta misión inicial, prepararían el terreno para el aterrizaje de los aviones y, si no fuese posible, habría que preparar la evacuación y destrucción del puesto tras contactar con una agrupación táctica terrestre, protegiendo el repliegue de la fuerza.

CASA C-2111B (Heinkel 111)
CASA C-2111B (Heinkel 111)

Para ello, se movilizarían 5 aviones de protección CASA C-2111B (Heinkel 111) coloquialmente llamados «Pedros», a cuyo cargo estarían los ametrallamientos para la protección de la operación, 5 aviones CASA C-352 (Junker 52/3m), para el lanzamiento paracaidista, 2 secciones de paracaidistas, 1 escuadra de morteros de 81, un practicante y un sanitario.

Aproximadamente a las 2:00 horas del 29 de noviembre de 1957, el capitán Juan Sánchez Duque, jefe de la 7ª Cía. paracaidista, recibía la orden de alerta aerotransportada, por lo que a las 3:30 horas aproximadamente, sus paracaidistas fueron despertados y pertrechados para realizar un salto de combate, es decir, armamento completo (10 pistolas, 6 subfusiles, 5 fusiles ametralladores y 54 mosquetones), munición máxima (120 cartuchos de 7,92 mm por mosquetón, 350 cartuchos de 9 mm largo por subfusil, 50 cartuchos del mismo calibre por pistola y 520 cartuchos de 7,92 mm por cada fusil ametrallador), paquete de cura individual y rancho frío.

Bombardeo en Tiliuin (Foto Web)
Bombardeo en Tiliuin (Foto Web)

La fuerza la formaban el capitán, 3 tenientes, 9 cabos primeros, 10 cabos, 5 Clps. de primera y 43 Clps. de segunda, de la 7ª Cía., más un brigada practicante, un cabo primero, un cabo y un Clp. de la Agrupación de Banderas. En total, 75 Paracaidistas dispuestos a hacer historia.

CASA C-352 (Junker 52/3m)
CASA C-352 (Junker 52/3m)

La tropa estaba bastante entusiasmada, pues elucubraban con la posibilidad de que su objetivo fuese la liberación de sus hermanos de la tercera sección (al mando del Tte. Ortiz de Zárate), que llevaban una semana asediados (desde el día 23).

Tras coger todo el equipo, se trasladaron al comedor para tomar el desayuno, a pesar de que el café con leche y las torrijas que les pusieron no entraban fácilmente, pues sus estómagos barruntaban que algo significativo y complejo les esperaba.

A las 6:00 horas aproximadamente, la unidad fue revistada por el Jefe de la Bandera, el comandante Tomas Pallás Sierra, que de viva voz les dijo:

«Desde el puesto de Tiliuin han pedido ayuda y esa ayuda solo puede llegarles desde el aire. Ustedes van a llevar a cabo el primer salto paracaidista de guerra en la historia militar de España. No sabemos con seguridad cuál es la situación actual del fuerte, puede haber caído ya en manos de los moros y lo que es seguro es que a ustedes les están esperando abajo y que su destino será incierto. Su deber es ir allí y es un honor, no solo para la 7ª compañía sino para toda la Agrupación, haber sido elegidos para esta misión. Quizás no os vuelva a ver pero sabed que os llevaré para siempre en mi pensamiento». 

A los paracaidistas, se les endureció el gesto, eran conscientes de que había llegado el día que todo paracaidista espera y, aunque estaban preparados, se unía la ingrata incertidumbre del salto a una muy posible dura acción de combate.

Antes de trasladarse al aeródromo, el que quiso recibió la absolución del Páter (teniente Luciano Cabrera Arias).

A las 7:00 horas, la fuerza fue equipada y revistada por los jefes de lanzamiento, entre los que se encontraba el sargento Desiderio Paredes Gimón. Se les notificó que el eje de pasada sería de 120º Sureste y la altura de lanzamiento de 656 pies (unos 200 metros)

Aproximadamente a las 9:15 horas, los paracaidistas fueron embarcados en los 5 Junkers, a 15 saltadores por avión y, una hora después, el teniente coronel Ignacio Crespo del Castillo, Jefe de la Agrupación de Banderas, pasó por cada uno de los aviones, despidiéndose y deseando buen salto a los elegidos.

Eran las 11:10 cuando los viejos aparatos enfilaban la pista del aeródromo de Sidi Ifni, el tiempo de vuelo hasta el objetivo sería de unos 23 minutos, el viento en la zona se esperaba en calma y todos estaban preparados para hacer historia.

El vuelo se realizó en absoluto silencio por parte de los paracas, el tiempo se les hizo eterno, tan solo fue interrumpido en la primera patrulla por el capitán, que ordenó abrir la puerta y, sentándose en el fuselaje, se puso a observar el campo y a cantar.

Salto de práctica desde los Junker 52.
Salto de práctica desde los Junker 52.

Los «Pedros» (Heinkel 111) fueron los primeros en llegar, haciendo varias pasadas de ametrallamiento. Posteriormente, los Junker hicieron una primera pasada, lanzando unos botes de humo para ver la dirección de viento. Tras esto, segunda rotación en pasada; el capitán y los jefes de patrulla en las puertas de las aeronaves, los jefes de salto preguntan: ¿preparado?, a lo que contestan: ¡listo! Tras unos instantes llega la orden…¡salte! Primer hombre en el aire, dos, tres…así hasta 75.

Paracaidista en el momento de salir del avión durante un salto de prácticas.
Paracaidista en el momento de salir del avión durante un salto de prácticas.

Casi un centenar de campanas blancas en el aire, a los sitiados del puesto español que las ven los embarga la emoción; están salvados. Esto les anima y no pueden reprimir los gritos de alegría. Se ponen alerta por si el enemigo ataca a los caídos del cielo, pero las bandas del Yeicht Taharir, entre los ametrallamientos y que ven que los paracaidistas intentan envolverlos, huyen de la zona haciendo disparos indiscriminados e ineficaces.

Los paracaidistas llegaron al suelo sin novedad, solo tres luxaciones de tobillo (Bg. Jurado, Clp. Enríquez y Clp. Moncada); 4 patrullas perfectamente en la zona de caída, excepto la del capitán, que es lanzada antes de lo previsto y cae al norte del aduar de Agadir, a unos 2 Km de la D/Z, gracias a este pequeño contratiempo, los insurgentes interpretaron que serían rodeados y huyeron.

Salto de entrenamiento en Tiliuin unas semanas antes del primer salto en guerra.
Salto de entrenamiento en Tiliuin unas semanas antes del primer salto en guerra.

Hubo algún disparo pero, en general, el descenso fue tranquilo. Ya en tierra, las prisas de quitárselo por todo y entrar en eficacia, pendientes del cielo también, pues los Junkers hicieron otra pasada lanzando 6 cargas con un mortero de 50 mm, 2 lanzagranadas, un mortero de 81 mm y munición.

La primera sección se encargó de la recogida de los paracaídas, mientras que la segunda reconoció el aduar de Agadir para dar protección a la patrulla del capitán. Una vez reagrupados entraron todos en el destacamento entre vítores y aplausos de los soldados españoles sitiados.

Fuerte de Tiliuin en la actualidad.
Fuerte de Tiliuin en la actualidad.

Tras la incorporación de los paracaidistas al fuerte, el jefe del mismo (Tte. Padrillo) informó al capitán sobre la seguridad del destacamento y sobre la necesidad de tomar el hospitalillo, que había caído en manos de las bandas. Los Paracaidistas relevaron a los agotados Policías y Tiradores de Ifni, haciéndose cargo de la seguridad de la totalidad del recinto durante los cuatro días posteriores. A las 22:30 horas del día 3 de diciembre, llegan al destacamento por vía terrestre las fuerzas de la «Operación Netol», que venían de liberar la sección del Tte. Ortiz de Zarate y T’Zelata de Sbuía.

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