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Artículos digitales
Escrito por Alférez reservista Antonio Herrero   
jueves, 14 de enero de 2010

Fuente: Rincón del aviador (Ejército del Aire. Mº de Defensa)

Avión Casa 2111 denominado Pedro
Avión Casa 2111 denominado Pedro

La guerra ignorada o el conflicto de Ifni-Sahara significó para el Ejército del Aire un enorme esfuerzo tanto en lo material como en lo humano, diez bajas así lo atestiguan: un capitán, tres tenientes, un alférez de las milicias universitarias, tres sargentos y dos cabos primeros. Nuestras tripulaciones no pueden disponer de lo más granado de la ayuda americana, los Sabres y han de conformarse con el uso del excedente alemán de la Guerra Civil, los renovados Heinkel HE-111, los famosos Pedros, los Messerschmitt, más conocidos como Buchones y los Junkers JU-52, empleados estos últimos no sólo como medios de transporte, sino de reconocimiento y hasta de bombardeo. La precariedad del material y el atraso tecnológico afectaron a la mayor parte de las operaciones aéreas llevadas a cabo durante la campaña, por lo que se tuvo que suplir muchas veces con el ingenio.

Todavía se recuerda como durante el asedio al zoco de Tiluín, el capitán piloto Iturrate y su copiloto, Villalba, se las ingeniaron para lanzar un bidón de 200 litros de gasolina al que le colocaron como espoleta una granada POIII, aunque todo hay que decirlo, estos bombardeos llevaban más acierto moral que efectividad, todo ello, con el objeto de mantener alto el espíritu entre los numerosos soldados y sus familias que quedaron cercados en los distintos fortines y puestos, a lo largo y ancho de Sidi-Ifni, por las bandas del Ejército de Liberación Marroquís. Así no era extraño que los JU-52 llegasen con el fuselaje completamente perforado por los disparos de fusilería de los rebeldes.

Tal vez el papel desempeñado por el Ejército del Aire no ha merecido el mismo espacio tipográfico que otras unidades. Sin embargo, las cifras hablan por sí solas: 2.179 salidas, 6.694 horas de vuelo, misiones de transporte, 1.237, víveres y municiones lanzadas, 20.400 kilogramos, víveres y municiones transportadas, 915.000 kilos, heridos evacuados, 224, paracaidistas lanzados, 427, hombres transportados, 6.263, misiones de apoyo, 367, bombas lanzadas, 3.083, cartuchos disparados, 54.395, cohetes lanzados, 294, bombas de 81 milímetros, 1.258, misiones de reconocimiento, 328, misiones de enlace, 71, misiones de evacuación sanitaria, 40, misiones de lanzamiento paracaidista, 34, misiones de abastecimiento aéreo, 33, misiones de salvamento, 33.

Ante el agravamiento de la situación, el Estado Mayor del Ejército ordena rápidamente el despliegue del Primer Escuadrón paracaidista del Ejército del Aire el 7 de diciembre de 1957. El mismo parte de su base de Getafe a bordo de una treintena de aviones y con el apoyo de la compañía Iberia.

Nada más llegar a Sidi-Ifni, donde permanecerán cuatro meses se le asignan los puestos que han de cubrir. Pero la calma es breve, el día 8 de diciembre participan en su bautismo de fuego, en Bugasdir, donde sufren su primer ataque por parte de las bandas rebeldes del Ejército de Liberación de Marruecos.

El recién creado Escuadrón paracaidista participa en dos hechos de vital transcendencia como son la liberación de Smara y el lanzamiento sobre La Hagunia, en la operación Morabito.

La que es conocida como la capital santa del Sahara, Smara, ve llegar el 10 de febrero de 1958 a la segunda escuadrilla del Escuadrón paracaidista, que salta desde los aviones North-Atlas, proporcionados por los franceses, a unos 200 metros de altura. Desde tierra son recibidos con fuego de fusilería por parte de más de 300 rebeldes.

Ocho días después 133 paracaidistas del Ejército del Aire volverán a saltar sobre La Hagunia para evitar la retirada del enemigo. Las dos compañías tratan cortar la retirada de los rebeldes que huyen hacia el norte de Marruecos por los pasos del Dra, en Tarfaya. Dos compañías al mando del teniente coronel Muñoz son lanzadas sobre la confluencia del Uad Marmuza con el Echdari donde han de encontrarse con las columnas que suben desde Gaada y Daría.

Mientras se intenta mantener los principales puestos, el Estado Mayor del Ejército ordena el repliegue de aquellos que a todas luces representan un riesgo para sus moradores, sobre todo los del interior. El Ejército del Aire se multiplica. Así establece un puente aéreo desde Villa Cisneros hasta el Aaiún para trasladar a la IV Bandera de La Legión. Desde el Aaiún hasta Sidi Ifni se envía a la VI Bandera del Tercio.

El Ejército del Aire tiene en esos momentos cuatro aeródromos en la zona del conflicto. Sidi Ifni, Cabo Juby, donde hay una guarnición de 138 militares, el Aaiún y Villa Cisneros, con 54 soldados de Aviación.

La Zona Aérea de Canarias y África Occidental (ZACAO) multiplica sus esfuerzos y la base aérea de Gando, en Las Palmas de Gran Canaria acoge entre otros, a dos escuadrones de transporte JU-52 y a un escuadrón de bombardeo con Heinkel HE-111. Operaciones como Siroco, Pegaso, Netol, Teide, Gento o Águila, serían inviables sin la participación del Ejército del Aire.

Este esfuerzo pasa factura y el 8 de mayo de 1957, un JU-52 con paracaidistas a bordo sufre un accidente y se estrella en las cercanías del aeródromo de Ifni con el triste balance de 8 paracaidistas muertos.

El 11 de agosto de 1957, un Heinkel 111 del Ala 36 de Gando, que había despegado para una misión de reconocimiento sobre el puesto de Tiugsa, que sufrió un ataque el día anterior, cae al mar entrada la noche cuando regresaban a Ifni. La tripulación formada por el capitán Alberto Antón Ordóñez, alférez de la Milicia Aérea Universitaria, Antonio Sánchez Barranco, sargento mecánico, Manuel Moure Álvarez, sargento radio, Jaime Moreno Amores y el cabo primero bombardero, Ángel Maniega Herrera, junto con el capitán de Infantería, José Alvárez Chas, pierden la vida.

El alférez, Antonio Sánchez Barranco es uno de los cinco caídos de las Milicias Universitarias a lo largo del conflicto ifneño. El alférez Sánchez Barranco nació en Melilla en 1933. Cursó estudios de Perito Industrial los cuales amplió en Staford (Reino Unido).

El conflicto va tocando a su fin y las anécdotas se jalonan a lo largo del mismo. Entre estas sobresalen las de los famosos lanzamientos de bombas improvisadas de 50 kilos, con una espoleta de hélice y que requerían ser arrojadas desde una altura mínima de 3.000 pies para que funcionasen.

O el caso del entonces comandante del Grupo Nómada de Villa Cisneros y a la vez delegado del Gobierno, comandante Troncoso Palleiro que durante un vuelo de reconocimiento a bordo de un JU-52 sobre Tichla, observó que en el puesto aún ondeaba la bandera española. Ante ello, ordenó al teniente piloto que tomara tierra. Tras un tira y afloja acerca de si era conveniente el aterrizaje, el piloto enfiló la pista de tierra con motores en marcha y cual sería la sorpresa de los viajeros del Junkers, al ver salir del fuerte a un sargento nativo y diez de su hombres que formaron y dieron las correspondientes novedades.

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