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Desembarco en Ifni Imprimir E-Mail
Escrito por Antonio-Tomás Bermejo Rodriguez   
jueves, 09 de enero de 2014

Fuente: AVILE

Desembarco de Sidi Ifni.
Desembarco de Sidi Ifni.

Estaba amaneciendo un nuevo día cuando un amigo mío se asomó a la barandilla de "El Virgen de África". De repente, al darse la vuelta, gritó todo asustado ¡Les he visto, les he visto! ¿Y qué creen ustedes que había visto mi amigo Félix para asustarse tanto? Lo que había visto eran cuatro moros con la barba blanca que estaban esperando abajo en una barca grande para que cuando llegásemos a dicha barca, nos ayudasen a bajar la carga que llevábamos y después instalarnos en el anfibio que nos sacaría hasta la playa que estaba a un kilometro de distancia. Estos moros eran muy diestros en la mar. Lo primero que nos preguntaban era si teníamos FLUS o tabaco, que algún compañero, sacaba el paquete y les daba para que fumasen, guardándose el sobrante en el bolsillo de una guerrera militar que llevaban puesta, porque allí los amaneceres eran muy fríos. La verdad es que la bajada del barco era peligrosísima. Debíamos bajar por unas escaleras de dos cuerdas y un palo redondo como banzo que se ponía muy resbaloso al pisar por ellas. Estos moros nos recibían llamándonos reclutas y otras cosas peores.

Con el mosquetón al hombro, el saco de petate en una mano y en la otra la maleta, después de tres meses y medio de mili formándonos en Tenerife, unos en la instrucción, otros haciendo el curso de conductores, otros haciendo el curso de cabos, otros haciendo el pan nuestro de cada día, y todo esto para que al llegar a Sidi-Ifni unos mal educados moros nos llamasen "reclutas". Una vez pasados de la barca al anfibio ya fue otra cosa porque el conductor era un joven de la quinta anterior a la nuestra y muy educado que nos decía que lo íbamos a pasar muy bien (que otra cosa nos podía decir) ya que la guerra ya había terminado. Entonces las siete olas brincaban sobre nosotros. ¡Oh playa de las siete olas, cuántas cosas no habréis visto, cuántas blasfemias tan grades no habrá perdonado Cristo!

Una vez llegados a la playa nos estaba esperando el cabo primero Benítez. Éste era un cabo reenganchado de dos quintas antes que estaba en Melilla y cuando comenzó la guerra le llevaron a Ifni. Este cabo nos trataba peor que si fuésemos reclutas.

Empezó la marcha hasta el cuartel, el mosquetón al hombro, en la mano derecha la maleta y en la izquierda el saco de petate. Cuando subíamos al cuartel cargados como burros empezamos a oír unas voces de niños moros que estaban subidos en la ventana de su casa y nos recibían cantando a coro. "¡Hijos de puta, hijos de puta, hijos de puta!" Detrás de los niños estaban los padres escondidos. Al oír esto nosotros nos asustamos, pero el cabo primero nos decía, "seguid adelante no les hagáis caso". Se nos cayó el alma encima al tener este recibimiento.

Al llegar al cuartel de Intendencia, nos recibió otro cabo primero llamado Bienvenido, tan mal educado como el que nos traía desde la playa tratándonos de reclutas, cuando en realidad ya éramos unos soldados muy bien formados por los mandos de Tenerife de los que nos acordamos toda la mili por lo buenos que eran con nosotros.

Tras alojarnos en una compañía muy buena con techo de bóveda y las paredes de hormigón, buenas duchas y buenos retretes, nos mandan formar con la marmita en la mano en filas de a tres para darnos la comida y empezamos a comer sentados en el suelo, a la sombra de unos almacenes grandes que allí había.

A las cuatro de la tarde los dos cabos primeros que había, un sargento y un teniente nos mandaron formar para repartirnos los destinos. 17 cabos, 12 conductores, 40 entre asistentes y machacantes, personal de oficinas 30, tres turnos de panadería de a 12 cada turno.

Y cuando llegaba el turno de la brigada de trabajo quedaba uno ya que éramos 136 teniendo que echar mano de los panaderos que estaban libres.

A mí me tocó el camión de la compañía. Con el camión, todos los días teníamos que subir dos viajes de tierra para que el ADOBERO Buigues amasara el barro con la paja con los pies y así poder cortar lo adobes. Nos pusimos todos manos a la obra, para que el día 15 de octubre estuviera terminado el comedor y celebrar la fiesta de Santa Teresa patrona de Intendencia. Se inauguró ese día el comedor estrenando platos de Duralex y pudimos comer cómodamente sentados, en esas nuevas instalaciones. Después nombraron jefe del comedor a Pablo de la Fuente Acevedo, natural de Aranjuez (Madrid), que quería ser torero y se tuvo que conformar con lavar los platos de todos y tener el comedor bien limpio. Así es que solo estuvimos cuatro meses comiendo en el suelo.

Pasamos un año de muchos trabajos, pasando de todo en la compañía a causa de un valenciano que estaba un poco chinado como ya he explicado en otros escritos que ya he publicado antes. Este fulano nos hacia la vida imposible a todos. Tiró a un pozo negro doce cerrojos de mosquetón, haciendo que los doce propietarios de los mosquetones no se pudiesen licenciar cuando nosotros. Menos mal que quince días antes de la licencia echó una carta en el buzón de correos y allí decía el lugar donde estaban los mosquetones. Los había arrojado a un pozo negro donde desaguaban los retretes. Entonces mandaron ir a una cuba que tenía una bomba para cargar la suciedad, y cuando faltaba medio metro de porquería se tiraron tres de los afectados con el peligro de haber quedado allí muertos (porque no había oxigeno) y revolviendo la masa que allí había, encontraron los doce cerrojos. Ese día se hizo una fiesta en el cuartel. Sabiendo todos quién era el culpable, no le delato nadie.

El autor del relato en una imagen actual
El autor del relato en una imagen actual

Así pasamos el año y siete días que estuvimos en Ifni. El 26 de junio llego el barco de mercancías (El Escolano) y con las mismas peripecias que el día que llegamos nos dispusimos a embarcar, desde los anfibios hasta las escaleras de soga. Esta vez lo hacíamos con más ganas porque nos íbamos a nuestras casas licenciados.

La cartilla militar nos la mandaron a casa un mes después, con un ascenso a todos en la categoría que tuviéramos entonces.

NO TENGO GANAS DE VOLVER A SIDI-IFNI.

Saludos para todos los que estuvieron en Ifni y en el Sahara durante los años que duro la contienda, de este soldado de Intendencia.

Feliz año 2014

Antonio Tomás Bermejo Rodríguez

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