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Después de Ifni - Introducción Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Adolfo Cano Ruiz
Escrito por Adolfo Cano Ruiz (RIP)   
martes, 13 de febrero de 2018
Índice del Artículo
Introducción
Prólogo
1. Después de Ifni
2. De vuelta en Valencia
3. Luis
4. Alemania
5. ¡Por fin Paris!

Prólogo

Conocí a Adolfo Cano hace bastantes años. Nos unió fortuitamente una comida ‒en la que aleatoriamente nos sentamos juntos‒ que un par de compañeros veteranos de Ifni organizaron, precisamente en el pueblo donde él habitaba, El Campello, comida que se creyó iba a ser muy minoritaria ‒de asistentes‒ pero que congregó a casi 70 exsoldados del SMO (Servicio Militar Obligatorio) en aquel territorio africano. Obviamente había "morriña" de aquella etapa de nuestra juventud.

Adolfo acudió por curiosidad ‒y cercanía‒ al evento y se reveló como excombatiente, como uno de los sobrevivientes de la guerra de 1957-58, en su calidad de soldado de Tiradores de Ifni ‒IV Tabor, 23ª compañía‒ y de repente ‒según propia confesión‒ se le vinieron a la mente los confusos recuerdos de cuanto había vivido en Ifni, recuerdos que, por "higiene mental" ‒frase que en más de una ocasión le oí decir‒, había creído muertos, aunque de repente se los encontró "resucitados".

Después de Ifni, de Adolfo Cano Ruiz
Después de Ifni, de Adolfo Cano Ruiz

De aquel día y de su mano surgió la idea de formar una Asociación y en una reunión de siete de aquellos veteranos en una cafetería de Alicante se constituyó AVILE ‒Asociación de Veteranos de Ifni del Levante Español‒ de la que Adolfo fue nombrado Presidente. Se redactaron unos Estatutos, que se legalizaron y se abrió una página Web, con la impagable ayuda de Pablo Vázquez Ramírez, el "paño de lágrimas" para todo aquel que se interese por los asuntos de Ifni, quien incluso en una de las primeras Asambleas celebradas en El Campello se desplazó desde Las Palmas ‒en donde vive‒ para dejarlo todo "atado y bien atado".

Adolfo que hasta entonces había estado desconectado de todo lo relativo a Ifni ‒guerra incluida‒, empezó a leer y documentarse respecto del África Occidental Española con tal aprovechamiento ‒gracias a su gran inteligencia natural‒ que en muy poco tiempo dominaba el tema como uno de los mayores expertos no profesionales de nuestro país, escribiendo muchos artículos "colgados" en las Web de El Rincón de Sidi Ifni y de AVILE, abriendo un blog personal, que tituló "Veteranos de Ifni Sahara", en el que continuamente publicaba largas parrafadas de materias ifneñas, e inició una vía reivindicativa para el colectivo de la "soldadesca", tan olvidado por las autoridades de entonces y de ahora, dirigiéndose a todo tipo de estamentos oficiales, desde la Casa Real y el Ministerio de Defensa, a los ayuntamientos de las ciudades de donde procedían algunos de aquellos soldados, promoviendo exposiciones de fotografías y dando conferencias en las que no era de extrañar que se le quebrara la voz y le saltaran las lágrimas recordando a los compañeros "desaparecidos" en combate cuyos cuerpos no fueron recuperados jamás, o su odisea personal al haber matado directamente a un "enemigo", arrojándole una bomba de mano al interior de la cueva en la que se hallaba escondido y desde la que les hostigaba.

En la cúspide de sus actividades le sobrevino un ictus cerebral que motivó su renuncia al cargo de presidente de AVILE ‒fue nombrado presidente de honor perpetuo‒ y al reponerse ‒recobró el habla y el movimiento de parte del cuerpo‒ continuó su combate reivindicativo desde la retaguardia, con la minuciosidad que su profesión de maestro relojero le otorgaba, llegando a escribir y publicar un libro con sus memorias militares ‒"Ifni 1957-1958. Sin memoria histórica", Ed. Punto Rojo (2017)‒ y ser el protagonista de un reportaje que emitió en horas de máxima audiencia "La Sexta" de TV.

Quien escribe estas líneas ha tenido innumerables ocasiones de oírle contar a Adolfo algunas de sus "correrías" europeas, siempre muy esquematizadas y sin profundizar en los motivos y/o causas que las originaron... Tan solo ahora, al leer "Después de Ifni", podemos entender el drama oculto que llevó consigo nuestro amigo durante toda su vida. Que su padre muriera mientras él hacía la mili y la guerra y su madre falleciera seis meses después de licenciarse ‒ambos progenitores tenían tan solo 45 años de edad‒ es el golpe bajo más duro que se le podía dar a aquel joven que tuvo que intervenir en la última guerra colonial de España frente a su enemigo secular, Marruecos.

Como la vida sigue y poco o nada le ataba a su Valencia natal, amén de su "rebeldía" congénita ante las injusticias laborales, sus inclinaciones políticas hacia las izquierdas y un ansia oculta por la aventura, que había descubierto cuando le "tocó" ir a Ifni para hacer el servicio militar, su relación con "Luis", el francés de origen español, conectado con el anti franquismo parisino, así como su inicial oficio en la construcción naval, le permitió la emigración a Alemania, para trabajar y ganar el dinero necesario para su manutención y ayudar a su hermano menor al que le llevaba dieciséis años, hasta dar el paso definitivo que Adolfo titula como ¡Al fin París! en donde ya pudo entrar en contacto con la gente contraria al Régimen de Franco, que tras los primeros recelos lo llegaron a incardinar en sus estructuras semi clandestinas, alcanzando a conocer elementos tan destacados como a Valentín González "El Campesino".

En este punto ‒su entrevista con "El Campesino"‒ se interrumpen los folios de las Memorias que Adolfo enviaba al común amigo Pablo Vázquez, para que le diera su siempre sabia opinión. No sabemos si existen más folios ‒su familia cree que todo lo que había escrito lo había remitido a Pablo‒ y es una pena que tantos e interesantes recuerdos se hayan quedado en el "tintero de la Historia". Nosotros sabemos, por conversaciones personales con él, que Adolfo tuvo propuestas para integrarse en "comandos" armados para actuar dentro de España, a las órdenes del Partido Comunista, y estamos confundidos, con los recuerdos de esos parlamentos, que parece ser no fructificaron, pues Adolfo continuó en Francia durante unos años, trabajando como maestro relojero y actualmente cobraba una pensión de jubilación de la seguridad social del país galo, algo también de Alemania y la de trabajador autónomo en España a donde volvió, no a su Valencia de origen sino a Alicante ‒El Campello‒ donde montó su propio taller de reparación de relojes, desde el que hacía las composiciones para aquellas relojerías con establecimiento abierto en la ciudad que eran sus clientes.

Adolfo se "ha ido" y con él, como hemos dicho antes, la continuación de sus importantes e interesantes memorias que rebosan ampliamente lo estrictamente personal para constituir un rabioso capítulo de la Historia de España, aquel que escribieron con su sangre, sudor y lágrimas personas como él, nacidos al filo de la Guerra Civil, que soportaron el hambre y las miserias de la posguerra, que tuvieron que ir obligatoriamente al servicio militar impuesto por un Régimen que repudiaban; que por gajes de un sorteo ‒sin suerte‒ los llevó a las colonias africanas y que, encima, se vieron envueltos en una guerra cruel, de la que salieron muchos de ellos con secuelas físicas y sobre todo psicológicas; gente que tras su licenciamiento comprobaron que la Madre Patria era para ellos una Madrastra malévola que les empujaba al exilio o a la emigración para encontrar un trabajo digno que en nuestro país era escaso y mal retribuido.

Manuel Jorques Ortiz, abogado, socio fundador de AVILE y, por encima de todo, amigo y admirador de ADOLFO CANO RUIZ.

Adolfo Cano Ruiz (1934-2017)
 Adolfo Cano Ruiz (1934-2017)



 
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