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La situación del idioma español en Marruecos y el Sahara Imprimir E-Mail
Artículos digitales
Escrito por Jesús Cabaleiro Larrán   
domingo, 15 de julio de 2018

Fuente: Periodistas en español.com

El reciente anuncio de la creación de un Observatorio sobre la situación de la lengua española en Marruecos, hecho por el Instituto Cervantes en Rabat, merece toda una serie de reflexiones.

Hay que recordar la historia colonial, desde la Guerra de África y la conquista de Tetuán, tan bien citada por Benito Pérez Galdós (1843-1920) con Aita Tettauen, hasta el antiguo Protectorado español sobre el norte de Marruecos (1912-56) está básicamente asentado el idioma español en la zona, aunque actualmente ciertas medidas educativas y la llegada de ciudadanos provenientes del antiguo Protectorado francés, atraídos por las nuevas bolsas de empleo, han empezado a modificar la situación.

Stand de España en la feria del libro de Casablanca.
Stand de España en la feria del libro de Casablanca.

Se lleva utilizando el castellano desde hace más de un siglo, en especial en la zona norte, así como en Sidi Ifni y en el territorio del Sahara. Aunque ya se ha escrito al respecto, hay que distinguir tres cuestiones: los que lo entienden, los que lo hablan y los que también lo escriben.

Las cifras ya se han estudiado en varios informes –incluidos los del propio Instituto Cervantes– y aunque sea obvio, hay que recordar toda la red de colegios e institutos españoles, los centros Cervantes y sus extensiones así como los departamentos de Hispánicas en las diferentes universidades marroquíes, un total de seis.

Ahora, se pretende, imagino, actualizar las cifras, aunque bien empezaría el Instituto Cervantes por hacer algo de autocrítica de su labor. Sus costosas matrículas no están al alcance del marroquí medio sino del pudiente, siendo un obstáculo para un mayor acceso a sus aulas.

En su pomposo anuncio, por lo visto, no se han acordado de las decenas de academias particulares de enseñanza de idiomas ubicadas en las grandes ciudades marroquíes donde se imparte español, e incluso se expiden diplomas, aunque no sean títulos oficiales. Muchos de esos estudiantes no pueden permitirse matricularse en el Cervantes. Tampoco hay mención a los cientos de profesores que ofrecen clases particulares de español, que hacen una encomiable labor y que intentan aumentar sus magros sueldos.

Será curioso también ver cuestiones, entre ellas, si el Observatorio apoya la creación de una sección de la Academia de la Lengua española como han pedido los hispanistas marroquíes –que, recientemente, recordaron la precaria situación del español- o si estudiarán la situación del idioma en zonas como Sidi Ifni, el Rif o el Sahara controlado por Marruecos donde se utiliza como idioma de resistencia, ante todo el flujo francófono de las élites gobernantes.

Recordemos detalles como las imprecaciones de las fuerzas de seguridad a los manifestantes en Sidi Ifni o el Rif llamándolos ¡españoles! o ¡hijos de españoles! También cómo se mancilló la bandera española en Ifni o los insultos de una diputada marroquí a manifestantes rifeños que portaban la bandera rojigualda, hechos silenciados en su día por los grandes medios de comunicación en España.

Sin duda, estos detalles serán soslayados como el impulso que, desde que entró el Gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) en 2011, se ha dado el inglés. Recientemente el ministro de Exteriores, Nasser Bourita, estuvo en Londres donde firmó acuerdos, entre ellos, varios de impulso a la lengua de Shakespeare en Marruecos. Se sigue una línea marcada para que los estudiantes opten por el inglés en detrimento del español. Lejos queda el Gobierno del socialista Abderramán Yusufi y su apuesta por el español.

En lo referente a la mención de los “estudiantes marroquíes en España”, citar que se calculan los universitarios en más de 5000 muchos de ellos cursando estudios de posgrado y que se ubican además de en las principales universidades españolas de Madrid y Barcelona, sobre todo en Andalucía, en especial Granada y Sevilla.

También se anuncia que se estudiará “la presencia de turistas marroquíes en España” y de “empresas españolas establecidas en Marruecos”. Respecto al primer apartado, mencionar que los turistas marroquíes se cifran en unos 300 000 anuales, evidentemente, con un buen poder adquisitivo y que visitan principalmente Madrid, Barcelona y sobre todo la Costa del Sol y resto de Andalucía.

El turista marroquí suele ser familiar aunque también viene buscando huellas del pasado árabe, especialmente en Andalucía. Granada, Córdoba y Sevilla son sus preferencias además, de las instalaciones turísticas de la provincia de Málaga.

Por cierto, bueno es recordar a los que no son turistas y que tampoco son inmigrantes legales en España. Se calcula nada menos que en unos 200 000 los marroquíes que se encuentran en nuestro país en el limbo tras perder la tarjeta de residencia debido a la crisis. Aunque muchos volvieron otros optaron por quedarse en nuestro país.

Respecto a las empresas españolas, aparte de Rabat, Casablanca y Kenitra, la mayoría están en el norte, especialmente en el entorno del superpuerto Tánger Med. Según cifras oficiales de 2016 son 8691 los españoles residentes en el país vecino, a los que bien podrían añadirse unos 5000 que se encuentran trabajando de forma irregular. Teóricamente son turistas, a los tres meses vuelven a sellar un pasaporte, para volver a entrar en un país donde trabajan ‘en negro’.

También lamentar que el futuro Observatorio no dedique ni una línea al papel de los medios de comunicación, ni a su trayectoria histórica que han jugado determinadas publicaciones o pueden jugar para expandir el español en Marruecos.

Manifestantes marroquíes y saharauis se cruzan en un acto reivindicativo en una ciudad europea.
Manifestantes marroquíes y saharauis se cruzan en un acto reivindicativo en una ciudad europea.

Sahara

Mención aparte merece la situación del Sahara, según el Derecho Internacional territorio no autónomo pendiente de descolonización y que se encuentra dividido, una parte lo controla Marruecos y la otra, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), desde que España abandonó el territorio en 1975.

Nuestra presencia abarca desde 1884 hasta 1975. Hasta esa fecha los idiomas eran el español y el dialecto hassanía, pero tras la invasión militar de Marruecos ahora los idiomas son el francés y el dialecto dariya, gracias a los miles de colonos desplazados a la zona con promesas de ayudas de todo tipo.

Hay que recordar que salvo Smara o Esmara, capital espiritual, el resto de ciudades fue fundada en la etapa española. Uno de los síntomas más claros de la pérdida de la influencia del español es cuando uno lee a determinados prosaharauis escribir en francés el nombre de las localidades. Tomo como último ejemplo el reciente y sonrojante comunicado del Intergrupo del Congreso español por el Sahara, que escribe Boujdor, en vez de Bojador, o profesores universitarios en un libro colectivo sobre el Sahara, editado por Catarata, escribiendo Dakhla, la histórica Dajla (antigua Villa Cisneros) –donde se ubica la academia de idiomas Unamuno donde se enseña español-.

No entiendo a estos supuestos partidarios de la autodeterminación saharaui, usando la lengua francesa, lo que refuerza el abandono del español, mantenido en el territorio por los auténticos saharauis –algunos de ellos, promarroquíes-. Sin duda, un desconocimiento profundo habilita esta victoria marroquí en el lenguaje cotidiano.

Por último, confiar en que el activo diputado socialista Odón Elorza, cercano al actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pueda retomar su proposición de un aula del Instituto Cervantes en los campamentos de Tinduf tal y como vienen reclamando desde hace más de una década un grupo de escritores españoles. Será uno de los que tengan menor coste económico y sin duda, de los más agradecidos por los que viven en la temible hamada argelina.

Ya para terminar y como siempre he manifestado, los hispanistas marroquíes y saharauis, que mantienen contra viento y marea y sin ningún apoyo desde Madrid la lengua de Cervantes, son, sin duda alguna, nuestros mejores embajadores y no los que están apoltronados en Rabat.

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